Ruta por la Vía Augusta: Romántico recorrido en Triumph Bonneville

Paulino Arroyo

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Han pasado ya más de 2000 años de historia desde que la Vía Augusta une las ciudades del litoral Mediterráneo Occidental, desde Gadix (Cádiz) hasta Barcino (Barcelona) y lo expreso en ese orden porque el kilómetro cero se encuentra en la capital andaluza. En esta ocasión una Triumph Bonneville T100, excelente elección para el Carnet A2, me ha permitido reconciliarme con una ruta que tiene como base la antigua N-340. Esta es la carretera original con más kilómetros de la Península Ibérica y su trazado, coincide durante muchos de ellos con la Via Augusta romana.

Desde Barcelona a Sagunto

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La Vía Augusta fue una vía de comunicación comercial primordial para la Metrópolis Romana, pero también, para el resto del continente. Y descubrir parte de lo qué queda a la vista de ese pasado tan lejano –y algo también del pasado reciente- ha sido el objetivo de este recorrido sobre una Triumph Bonneville T100. Circulamos con ella en la que conocemos como N-340, entre las ciudades de Barcelona (o Barcino), pasando por Tarragona (o Tarraco) y llegando de momento, a Sagunto (o Saguntum). Además de su pasado romano, descubrimos la Siderurgia nacida a principios del Siglo XX, que dio pie a una población, Puerto de Sagunto.

2000 años nos contemplan

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Construida por la Civilización Romana en su afán de expansión y conquista, la Vía Augusta sigue siendo la arteria más significativa entre el Norte y el Sur de Europa. Es el cordón umbilical por el que, en ambas direcciones, ha aportado y aporta, mercancías, ideas, conocimientos, idiomas, personas y por lo tanto, diversas culturas, que durante milenios han circulado –y circulan- por ella. 

A los mandos de la Triumph T100, desde Barcino, la Vía Augusta hacia el Sur conserva infinidad de puntos de interés. La propia ciudad Condal conserva, en los bajos del Museo de Historia de la Ciudad, emplazado en pleno centro del Barrio Gótico, los restos de la ciudad romana. Calles, sistemas de alcantarillado, termas, comercios… se adivinan más que se visualizan, todo ello una decena de metros por debajo del empedrado de la actual, turística y cosmopolita urbe Mediterránea.

Caminar rodeado por ese entorno en el que la huella medieval es ahora indudable, de calles estrechas y sombrías, es desplazarse de algún modo al pasado de la ciudad. Pero los orígenes romanos permanecen en ella y proceden de más de 1000 años antes a ese periodo medieval. 

Objetivo con la Triumph T100

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Busqué al principio con poco éxito, el punto kilométrico –aun en pie- de la N-340 que se encontrara próximo al punto de inicio de esta salida en moto. Costó pero por fin lo encontré y aparece aquí inmortalizado, alejado de la vista, casi invisible, y lejos de su ubicación original. Ha sido conservado en un puesto de material para el mantenimiento de la carretera, casi como en un museo. Fue un reencuentro casual con aquel “mojón” que tantas veces había visto con anterioridad. Yo y millones de conductores durante décadas. 

Con un claro objetivo cultural pero también de evasión y de disfrute en la conducción, la moto elegida fue una Triumph Bonneville T100, una montura idónea, cómoda para mantener el ritmo moderado habitual de una carretera de ámbito nacional (con un solo carril por sentido de circulación). Afortunadamente, con una afluencia de vehículos de los más altos de toda España, lo que obliga a una velocidad media reducida que no alcanza los 90 km/h, con ella disponía de una buena aceleración para realizar adelantamientos.

Y para el equipaje, una bolsa de imanes sobre el depósito (benditos depósitos de acero), ha sido la elegida por su capacidad moderada pero suficiente para la salida de un fin de semana en solitario. La velocidad de crucero de la T100 es más que suficiente para salir a carretera nacional, también por su aceleración y respuesta del motor, rodando en solitario y con poco equipaje. Los 55 CV a 5.900 rpm seguro que se resiente si afrontamos esta ruta con extras como alforjas o maletas laterales, además de compañía en el espacio para el pasajero. Pero a la velocidad media del resto de usuarios de la N-340, la Triumph T100 cumple con seguridad y solvencia. 

Cordillera litoral

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Un imponente puerto –el primero del que se tiene noticia en la zona- y que estuvo en actividad hasta el siglo X, se encontraba emplazado en el estuario del Río Llobregat, por aquellos años navegable para proteger las naves romanas rio arriba. Hay restos de termas romanas en la ciudad de Sant Boi de Llobregat datadas en el Siglo I antes de Cristo, y siguen apareciendo restos romanos en las actuales obras de nuevos puentes sobre el río, que aparecieron, por ejemplo, durante las obras para la llegada del tren AVE a Barcelona. La N-340 deja detrás Barcelona ascendiendo hasta las alturas del Puerto del Ordal, atravesando pequeños núcleos urbanos, como Cervelló (una obra aun por concluir permite evitar el centro de esta localidad a través de la B-24), Vallirana y Casetes d’en Julia. La Triumph, ligera y con una decoración bicolor, atrae las miradas de aficionados a la moto y de neófitos del mundo del motociclismo. Tal vez algunos la confunden con una motocicleta antigua y otros valoran desde sus monturas, la facilidad de alcanzar el suelo con ambos pies o la muy razonable –por cómoda y turística- posición de conducción. Puesto que ascendemos, es obligado el uso de marchas cortas, como segunda y tercera en algunos momentos, pero el bicilíndrico entrega un buen par desde abajo (con 8,2 kgm a 3.230 rpm) y no es necesario elevar la voz de este motor de 900 cc. Con ese par y potencia es suficiente.

Tras salir de Vallirana la carretera se torna divertida, con excesivo tránsito pero con curvas de todo tipo, unas de amplio radio y otras de radio muy corto, que conviene afrontar con prudencia. El paso del continuo tránsito de camiones deforma el asfalto y residuos oleosos cubren, en ocasiones, algunos de estos tramos. Superado el Alto del Ordal, con una altura de 480 metros sobre el nivel del mar, el trazado de la N-340 desciende rápidamente a través de una larga recta (cuidado con el radar) hasta el núcleo de población de Ordal (perteneciente a la cercana Subirats).

El puerto del Ordal es el punto más elevado de una pequeña cordillera que se vuelca sobre el mar y da pie a la carretera de las costas de El Garraf, que unen Castelldefels y Sitges. Pero de ese otro tramo podemos hablar en otra ocasión. Las comarcas del Baix Llobregat (antiguamente agrícola y ahora eminentemente industrial) y El Penedés (agrícola y vitivinícola) se unen atravesando parte de la Sierra del Garraf y la N-340 hace de nexo de unión entre ellas. 

Vilafranca... Arco de Barà...

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Muy próxima se encuentra Sant Sadurní de Noia, ciudad rodeada de cepas de vid que dicen mucho del gusto por el vino de los antiguos pobladores en época romana, cuya cultura vitivinícola procedía ya de los griegos. De hecho, el vino blanco era el predilecto de los romanos y tuvo una influencia notable incluso en el proceso de integración a Roma. Las tropas, los ciudadanos de cualquier índole, desde los esclavos a los comerciantes, gobernadores impuestos por Roma, todos tenían acceso al vino, producto protagonista del crecimiento de esta comarca catalana.

Circulando por la N-340 se encuentra Vilafranca del Penedés que ganó su circunvalación hace ya algunos años. Huyo del tramo exterior y me interno por lo que fue una transitada travesía repleta de pequeños establecimientos de ventas de vino y cava. Ahora con la desviación de la vía principal ha vuelto a ser una tranquila ciudad de comarca, capital del Penedés. Tras un escaso kilómetro y algunos semáforos dejamos detrás Vilafranca.

La actual N-340 no coincide kilómetro a kilómetro con la antigua Vía Augusta, pero la herencia de la cultura romana, que intentó poner orden en las antiguas tribus íberas, está patente incluso en los monumentos que encontramos a nuestro paso.

Uno de esos puntos en los que se recuerda el pasado milenario de esta ruta es la esfinge de construcción moderna del soldado romano situada en la población de Roda de Barà y también de época reciente la de un aborigen, posiblemente un íbero habitante de esa zona. Los Escipiones llamaron a esa zona Tarraconensis. En ese entorno tan próximo a la ciudad de Tarraco encontramos el Arco de Barà, que genera –de modo natural- una de las primeras rotondas en España. Este es un arco que más que rememorar una victoria militar, algo habitual en época romana, pretendía separar, delimitar dos territorios y evitar de ese modo las continuas pugnas entre dos tribus locales, los ilérgetes y los cosetanos. Aunque, como ocurre habitualmente, el paso de los años deja esos datos siempre un poco en duda, pero hay pocas acerca del año de construcción -se ha datado en el año 13 a.C.- y situada sobre la Vía Augusta, desde hace ya más de 2000 años, en la época del Emperador Augusto.

Tarraco y Escipión

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La ciudad de Tarraco data del siglo III antes de Cristo y esa primera época está unida al nombre de Escipión (Gneo Cornelio Escipion), el mismo que desembarcó en la antigua ciudad griega de Ampurias o Empuries, más tarde ocupada por los romanos. Durante siglos Tarraco fue la ciudad romana más importante de la península, capital de la región Citerior, en una época en la que las guerras aconsejaban levantar grandes murallas, aun visibles en la ciudad, así como un puerto que permitiera las operaciones de avituallamiento y también las propias del comercio entre esta y la metrópolis romana.

Recorrer sus calles –y con la Triumph Bonneville T100 es muy fácil y esta llama poderosamente la atención de los viandantes- nos permite descubrir esas construcciones defensivas, pues aparecen restos de las murallas romanas por todos lados. Aun tratándose de una ciudad ubicada en un lugar estratégico como ciudad costera –y controlar por lo tanto el mar- y con una orografía de difícil acceso, se vio obligada a la construcción de un imponente acueducto que ha llegado íntegro hasta nuestros días. Incluso puede visitarse una cantera cercana en la que es posible calcular la enorme cantidad de roca extraída para las construcciones de la ciudad. 

De hecho… la importancia de Tarraco en aquella época queda someramente clara cuando se descubre que fue esta la primera ciudad fuera de Roma que acoge un altar a modo de reconocimiento al emperador Augusto. Tras su muerte, acaecida en el año 14 de nuestra era, se construyó un templo en su honor, templo que se ha encontrado bajo el edificio más emblemático de la actual Tarragona, su Catedral. La actual ciudad de Tarragona se asienta sobre las antiguas ruinas de Tarraco y no se mueve una sola piedra sin tropezarse con vestigios de más de 2.000 años de antigüedad. Otro punto de interés que mencionaba es el Acueducto que alimentaba de agua a la ciudad de Tarraco, con el trasvase de agua desde el Rio Francolí, a unos 25 km de distancia. También se conoce como Acueducto de Les Ferreres o Pont del Diable, y es una obra de gran interés arquitectónico que se encuentra en un excelente estado de conservación. 

Hacia el Ebro

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El Ebro me recibe como es habitual en él, como nexo de unión. Todo río es sinónimo de vida en común porque antes de la construcción de la propia Vía Augusta, fue vía de comunicación  y su caudal, era, por entonces mucho mayor al actual. Las aves migratorias, la fauna autóctona y eventual, son testigos de mi recorrido con la Bonneville T100  hasta acercarme al mar con el atractivo de la paz y la tranquilidad que aporta circular rodeados de humedales protegidos y otros inundables destinados al tradicional cultivo del arroz. Rodé por los cientos de kilómetros de carreteras que se adentran por el Delta del Ebro.

Conociendo el control de las vías fluviales que permitió al Imperio Romano alcanzar sus metas, el Ebro fue sin duda uno de los ríos que, en sus naves a vela y a remo, estos navegaron aguas arriba. De ahí que las primeras protagonistas sean las ciudades de Amposta y Tortosa. La primera dispuso de un puesto romano, sobre el cual siglos después se asentaran los árabes.

Tortosa (Dertosa para los romanos) tuvo también su importancia pues fueron los romanos los primeros en iniciar su fortificación, enclave militar que sirvió también como base a la cultura precedente proveniente del sur de la península, los árabes. La ciudad de Zaragoza, ya muy alejados del trazado que seguimos aquí, también dispuso durante muchos siglos de un puente romano, aunque este fue destruido a principios del 800 de nuestra era consta que fue reconstruido por los árabes en el 839 ya en época de Abderramán II. 

El Delta: paisaje y gastronomía

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La N-340 sigue desandando su kilometraje cuando viajamos hacia el sur, en algunos momentos junto al mar, en otros algo más al interior, rodeados de cultivos de cítricos, de olivos, de almendros… En Sant Carles de la Rápita decido pasar por el trazado de la antigua N-340 -aquel que pasa por el centro de la población- y allí encuentro excelentes lugares para detenerse a comer, principalmente recomendables los arroces y productos del mar. Le siguen pequeños núcleos de población como Les Cases de Alcanar y Alcanar, y de mayor importancia Vinaroz… y de ahí a Benicarló (cuyo nombre –como en el caso de Alcanar- la delata como ciudad árabe). 

Frente al Castillo de Peñíscola, en estas playas de arena fina, se filmaron películas míticas de la época dorada de Hollywood, como El Cid con Charlton Heston en el papel de Don Rodrigo Díaz de Vivar. Personalmente este el tramo de N-340 con el que más me identifico, concretamente el que va desde Peñíscola hasta Sagunto, pues aun sobreviven tiendas de artesanía, bares de carretera y algunas travesías de poblaciones. Santa Magdalena de Pulpis o Alcalá de Xivert pasan también bajo las ruedas de la T-100. Algo más al sur Torreblanca conserva aun el encanto de una población costera que ha podido mantener el equilibrio entre el turismo y el ambiente rural. Contrasta con ella, visto desde la N-340, el paisaje de edificios que oculta la visión del mar a la altura de Oropesa. Es sin duda un contrasentido que evito y sigo hacia el Sur.

A lo largo de la Vía Augusta, y en todas las poblaciones próximas a su empedrado, se encuentran restos de villas romanas, monumentos funerarios, vestigios de diversas épocas y entre ellos algunos que aun podemos visitar, en su propio ambiente, sin mediar las vitrinas o los muros de un museo. En la localidad de Cabanes (junto a la Vía Augusta y a la actual CV-157 en la provincia de Castellón) se encuentra un Arco datado en el siglo II de nuestra era. Situado lejos de cualquier gran población (Castellón está más al Sur a 26 Km) se trata de un elemento funerario próximo a una importante villa romana y a pesar de faltar buena parte de la construcción original (piezas que se encuentran en edificios próximos) sus medidas son bastante elocuentes, con 5,8 metros de altura. 

Saguntum ciudad romana

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El asedio que el cartaginés Anibal (se estima que esto ocurrió el 221 a. de C.) mantuvo sobre Saguntum, bien hubiera podido provocar que en lugar de hablar de defensa Numantina, la expresión fuera defensa Saguntina, pues así fue, precisamente, la actitud de los habitantes de la localidad. Pero esta es siempre la lectura que dieron los que, a la larga, vencieron, los romanos. Según las crónicas Sagunto se enfrentó a un invasor despiadado, e incluso decidió incendiar sus posesiones, para que una vez rendir la plaza nadie pudiera disfrutar de sus bienes. La épica del vencedor sobre la barbarie del invasor. Pero no olvidemos que los invasores y no precisamente pacíficos eran –también- los romanos. Aunque estos perdieron ante Anibal, pues Roma no apoyó a su ciudad enviando ayuda militar, Roma acabó expandiendo su imperio por el resto de la península.

El sonido de los bajos del motor de la inglesa me llega rebotado desde las paredes de las calles estrechas y serpenteantes que ascienden sin tregua. Llego con la Triumph T100 hasta el lugar que las obras me lo permiten. Allí descubro que el Castillo de Sagunto está recibiendo, ahora, lo que tal vez debería haber sido una obra de reconstrucción más metódica y respetuosa hace ya décadas. Imponente por su inmensidad y por su ubicación, la planta actual no coincide con la que erigieron los romanos llegados hasta aquí en plena expansión hacia el Sur de la Península, pero los distintos usos que ha recibido durante siglos, están bien documentados.

Tal vez el mayor legado que mejor puede valorarse es el Teatro Romano, aun con la polémica restauración, pero una visita al barrio de la Judería, o deambular por el interior del castillo (visita gratuita si mostramos nuestro DNI), es también un buen regalo para la vista. Desde allí se vislumbra el Mar Mediterráneo, y en el Grao de Sagunto, junto a Puzol, se han encontrado restos de villas romanas mirando al mar y barcos hundidos cargados de ánforas que ya han sido debidamente investigadas, documentadas y expuestas en el Museo Romano de Sagunto). A este podemos acceder con la misma entrada gratuita que permite la visita al castillo.

Siderurgia saguntina: Un poco de historia reciente

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La población de Puerto de Sagunto otrora sede de Altos Hornos del Mediterráneo, tuvo como referencia a la industria metalúrgica desmantelada en los años ochenta. Un alto horno queda en pie a modo de Memoria Histórica, para que generaciones venideras conozcan el pasado de esta población y algunas naves y las viviendas de ingenieros y técnicos, además de los barrios obreros, siguen en pie, testigos de un pasado cada vez más lejano.

La Triumph T100, proveniente de Inglaterra, país en el que se vivió muy intensamente la Revolución Industrial (la propia marca Triumph es fruto de ese pasado), posó junto al enorme Alto Horno solidarizándose con la industria que fue motor económico de la comarca. Una industria hoy ya desaparecida pero que dio forma a la ciudad –marcada por la siderurgia- desde principios del siglo XX y hasta los años ochenta. La defensa de la ciudad ante el “Anibal moderno” –o la Reconversión Industrial- se reprodujo 2000 años después, previo al cierre de la siderurgia pero, de nuevo, la victoria fue esquiva y Altos Hornos del Mediterráneo fue desmantelada. 

Cerca de mil kilómetros recorridos

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“No es mi pretensión seguir la filosofía propia de un asceta huyendo de todo lo bueno que me depara la vida y viajar en moto es uno de esos placeres que me resulta imposible eludir”. Esta frase podría haberla firmado el mismísimo Augusto, si las motos hubieran existido en aquellos lejanos tiempos romanos, tan dados ellos al fasto y los excesos. Pero la Triumph transmite, curiosamente el efecto contrario por su sencillez de manejo y su estética reconocible, sin detalles superfluos.

El Imperio Romano dejó una huella ineludible, cultural y monumental pero lo más significativo es que aun hoy, más de 2000 años después, su legado está vivo, perfectamente reconocible… en eso me recuerda mucho a la Triumph Bonneville T100.

Datos del viaje

Objetivos: Barcelona, Tarragona y Sagunto unidas por la N-340.

Motocicleta utilizada: Triumph Bonneville T-100.

Condiciones: en solitario con una bolsa sobre depósito de imanes.

Kilometraje: más de 700 km entre ida y vuelta.

Consumo medio: 4,6 litros a los 100 km por carretera y cortos tramos de autovía.

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