Triumph Bonneville Bobber

Triumph Bonneville Bobber: Estilo americano, motor inglés

Paulino Arroyo

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Del país que inspiró el custom

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Esta, la de las bobber, es tal vez la tendencia menos europea a que se ha visto abocada la marca británica Triumph para seguir la estela de la competencia de Ultramar siempre dentro del estilo custom, aunque es justo reconocer que la influencia europea en el custom –desde los años cuarenta- es crucial para su mismo nacimiento.

Para la Bobber se ha optado por el motor de la Bonneville T-120, cargado de par y con la potencia modificada, lo que a algunos puede resultarles una contradicción… pero nada más lejos de la realidad. Las bobber son el inicio dentro del mundo de la personalización y consistió en el pasado en eliminar todo lo superfluo, los grandes guardabarros, las defensas, las parrillas porta bultos, los amplios manillares y parabrisas, y sintetizarlo todo con el afán de ahorrar peso y ganar en sensaciones y, sin duda, el motor T-120 actual es ideal para ese cometido.

En otra época en no pocas ocasiones, una bobber repetía la altura de la llanta en ambos ejes, pues en aquellos años de pos guerra, (la II GM) cuando surge este estilo, no había muchas medidas de neumáticos –ni llantas- donde elegir, aunque en la bobber de Triumph se ha optado por 19 y 16 pulgadas mucho más racional para que el funcionamiento sea acorde con lo que esperamos de una motocicleta Triumph de 2017.

Estilo muy definido

ver galeríaTriumph Bonneville BobberLa llave de contacto se encuentra en el lado derecho junto al motor.

En los últimos años se han construido infinidad de motocicletas en este estilo, con los motores más variopintos, pero en el pasado se utilizaba uno de los más ligeros disponibles en los años 40, el de las Triumph. El motivo es que fue el que los soldados norteamericanos vieron en Europa y, al regresar, modificaron las motos inglesas que siempre tuvieron mucho éxito en EE. UU. Eso fue, nada más y nada menos, que el origen del custom. 

En el presente el estilo tiene sus propias especificaciones. En definitiva ahora consiste en elegir una diseño de motocicleta que nos recuerde al pasado. Para ello se retira la parte del asiento trasero –dejando el guardabarros a la vista- para asemejarla a aquellas motocicletas con asiento de muelles, más propia de la época en la que los chasis eran rígidos, sin amortiguación en la parte trasera. Y en la Bobber de Triumph se ha creado la ilusión óptica de que se trata de un rígido, ocultando un único amortiguador anclado con bieletas.

Las bobber, por lo general, disponen solo de lo estrictamente necesario, con un único reloj y huyendo de lo que no sea imprescindible, pero con detalles que son habituales como los fuelles de goma en las botellas de la horquilla y, por supuesto, llantas de radios. En este caso incluso aunque sea solo estético, el buje trasero tiene ciertas reminiscencias a un tambor de freno “tradicional” aunque en el lado opuesto se encuentra un muy efectivo disco.

También acostumbran a huir de los excesos del cromado por lo que muchas piezas son satinadas o pulidas y en este caso esos efectos los vemos en las tapas del motor o las torretas del manillar por ejemplo. 

Posición de conducción ajustable

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Pero la Bobber de Triumph no se conforma con reproducir los cánones estéticos que definen un estilo y aporta mucho más a un diseño de sobras conocido pero tan tradicional que conviene actualizar y mejorar en beneficio del confort de marcha. 

Uno de esos detalles es la posibilidad de modificar y ajustar a nuestros gustos la posición del asiento, acercándolo o alejándolo del depósito de combustible y por lo tanto del manillar. Eso repercutirá directamente en la comodidad de marcha pero también en la seguridad pues los propietarios de mayor altura se encontrarán más cómodos. Los 690 mm permitirá que los conductores de menor altura se encuentren muy integrados sobre este asiento. El cambio de posicionamiento se realiza de modo rápido con un mecanismo de liberación sencillo y accesible sin necesidad de herramientas. También el único reloj velocímetro puede ajustar la inclinación frente a nuestros ojos para mejorar así su visibilidad, por cierto con todo lo necesario, infinidad de información como marcha engranada, velocímetro por supuesto y tacómetro digital, testigos del control de tracción, del ABS, de extras como los puños calefactables y el control electrónico de velocidad, los cuenta kilómetros parciales y el total entre otros muchos como autonomía, consumo medio e instantáneo, nivel de combustible, reloj horario...

Estilo bobber para 2017

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Los tiempos cambian afortunadamente y esta bobber monta una llanta delantera de 19” (con un Avon Cobra AV71) y una trasera de 16” (con un Avon Cobra AV72), por supuesto de radios y el manillar es plano, también para integrarse mejor en la montura, algo que se respeta con respecto al estilo originario, aunque también hay lugar para la personalización con un manillar de media altura entre otras muchas opciones de asientos, etc.

Por cuestiones estéticas- se deja la caja de la batería a la vista, sujeta con un fleje de acero inoxidable y los retrovisores se ubican en el extremo del manillar, pero otros muchos aspectos lo que consiguen es hacernos la vida más fácil: Las manetas de freno delantero y embrague con sistema de regulación son un buen ejemplo, pero respeta la línea tradicional en los fuelles de horquilla y como es habitual en las Modern Classics de Triumph simula carburación en lugar de la obligada inyección de hoy en día. Incorpora un radiador para refrigerar el motor, lo que es ya una máxima indispensable en las mecánicas británicas. Todo ello queda realmente muy bien escamoteado, por lo que no afecta al buen aspecto del motor bicilíndrico en línea, con la configuración tradicional de la marca, el bicilíndrico en línea, vigente desde los años treinta del pasado siglo XX.

Electrónica

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A donde nos lleva la tecnología en los vehículos es algo que pocos son capaces de vaticinar sin temor a equivocarse. La seguridad, el bajo consumo, ¿está todo ello reñido con las prestaciones? Tal vez no. Incluso si nos referimos a una motocicleta de talante deportivo. La pregunta es: ¿porqué no darle un uso civilizado a todos esos avances y beneficiarse de la seguridad que aportan incluso en una moto de estilo custom bobber como las que nos ofrece Triumph?

Poco hay que objetar y todo es bienvenido, incluso las ayudas electrónicas con dos modos de curva de potencia: Road y Rain que aportan buenas dosis de seguridad saliendo desde parado y ya a medio régimen, pues no recorta la potencia pero si suaviza la curva de par al elegir Rain (lluvia). La aceleración en posición road es realmente sorprendente, pues ahí influye la cifra de par de 10,82 Kgm a solo 4.000 rom más que la de potencia que asciende a 77 CV a 6.100 rpm.

Seguridad

ver galeríaTriumph Bonneville BobberLa personalización Quarter Mile Bobber será, seguro, una de las más admiradas.

Por supuesto no falta el ABS, algo a lo que resulta fácil acostumbrarse, pues ya nos se trata de aquellas primeras ediciones de finales de los años ochenta en grandes motos turísticas. En la bobber, y por extensión en los modelos Triumph, es apenas imperceptible cuando actúa, y un buen elemento de seguridad. También lo es el sistema de control de tracción que podemos desconectar desde la piña izquierda. También el embrague es asistido, evitando así efectos nocivos en las reducciones bruscas. 

En la iluminación disponemos de la más alta tecnología, con óptica Led en el piloto delantero y trasero, y por supuesto el ordenador de abordo tradicional ya en otros muchos modelos de la marca. Y por si fuera poco solo debemos visitar el taller cada 16.000 km, pues ese es el intervalo de mantenimiento recomendado por la marca. 

Personalización

ver galeríaTriumph Bonneville BobberDispone de mejor par a bajas vueltas que el resto de la gama Bonneville.

La marca Triumph cuida especialmente este apartado y dispone de una amplia gama de  accesorios (más de 150) para contentar a aquellos usuarios que valoran la personalización. La variedad es tan grande que podemos elegir artículos realmente muy diversos como manillar más alto, asiento con respaldo o con otro acolchado, puños calefactados, control de crucero… En definitiva “de todo” para sentirnos bien con la compra, lo que incluye incluso amortiguador Fox o escapes Vance&Hines con los extremos personalizables. Y si algo modifica realmente su aspecto ese es el color por lo que existen cuatro versiones: El tradicional Jet Black (a 12.900 €), el Morello Red (a 13.025 €), el acabado en mate de la Ironstone (a 13.025 € ) y el verde racing inglés o Competition Green combinado con el Frozen Silver (a 13.200 €).

Existen también dos kits recomendables. Uno es el Old School Bobber (a 1.610 libras) y otro de estilo hot rod, el Quarter Mile Bobber con un precio en libras de 1.500 (en ambos casos aún por definir en €), lo que unido a la variedad de opciones para personalizar este modelo Bobber permite imaginar infinidad de motocicletas distintas.

¿Cómo va?

ver galeríaTriumph Bonneville BobberUn único reloj con todo lo necesario, incluso tacómetro digital, nivel de combustible, consumos...

He dejado este apartado para el final. El motivo es que no resulta fácil olvidarse en ocasiones de la opinión que nos ofrece la vista y separarlo del comportamiento real. Puedo entender que no guste esa ubicación de asiento “a la antigua” pero aquí no juzgo cuestiones estéticas. Diré que es muy cómodo, no como si estuviera sobre muelles con lo que eso implica. Poder modificar su posición –atrasarlo o adelantarlo- es más que suficiente para darle un aprobado alto en ese aspecto, lo cual es mucho más de lo que puede esperarse de una moto de este estilo que supedita, en ocasiones, la imagen a la efectividad. Pero ese solo fue el primer paso.

En marcha la primera palabra que viene a mi mente es: Efectividad. Con solo, 77 CV es realmente sorprendente lo aprovechable de su motor, desde muy abajo, con la potencia siempre a disposición, a un simple movimiento del puño del gas. La caja de cambios de seis relaciones realmente consigue dosificar esa potencia, pues el par siempre presente permite rodar tranquilo sin necesidad de revolucionar el motor.

Dicho esto paso a la parte ciclo. La suspensión delantera absorbe muy bien los obstáculos, esos que tanto proliferan en las travesías urbanas, pero cuando es el eje trasero el encargado de afrontarlo es cuando notamos el excelente trabajo realizado en esa parte. El diseño del basculante que simula la parte trasera rígida, ha sido todo un reto pero se ha conseguido que el amortiguador, con solo 77 mm de recorrido, aporte un nivel de comodidad y seguridad muy poco habitúal en motocicletas de este estilo.

El equilibrio entre ambos ejes, sin excesos en la elección de llantas (recordemos 19” delante y 16” detrás) y un único disco delantero es suficiente en la conducción habitual a la que será destinada la bobber de Triumph, pues se muestra dosificable lo que es casi más importante que disponer de un exceso de potencia de frenada, aunque con el ABS actuando cuando es imprescindible resulta una operación sencilla incluso con la motocicleta inclinada buscando ya el vértice de la curva.

La posición de conducción es tan natural que en ningún momento recuerdas que se trata de un asiento monoplaza, con las piernas en su lugar gracias a unas estriberas ubicadas en su lugar.

La bobber definitiva

ver galeríaTriumph Bonneville BobberDinamismo y comodidad son dos de los aspectos más significativos.

La marca Triumph no solo fue testigo del nacimiento del custom como fenómeno de personalización en los convulsos años 40 del siglo XX, en realidad fue protagonista, por no decir que catalizador de todo lo que, posteriormente, hemos definido con el genérico nombre de Custom que tantas interpretaciones, estilos, modas y tendencias ha reunido a lo largo de la historia. 

En la actualidad conviven todos los modos de ver una motocicleta personal, en la que la estética y la funcionalidad se llevan a otro nivel, no solo diseñándola pensando en los únicos objetivos de hacerla rápida, potente, estable, y sí en que debe ser conducida y disfrutada por personas que solo tienen el deseo de disponer de una motocicleta que no tenga, en su aspecto, nada que ver con la competición. Pero beneficiarse de los avances que, indudablemente, han surgido de ella, da pie a disfrutar de motos como la Bobber. La estética no está reñida con la efectividad.

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