Ruta 47 (17º etapa): Salamanca-Plasencia

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Increíble etapa. Esta es una de las zonas que menos conozco y no defrauda, curvas, paisajes castillos... He pagado con una tormenta de 10 min. que la equipación Garibaldi ha aguantado muy bien y luego he disfrutado de los cielos violentos con cortinas de agua a lo lejos, pero sin mojarme.

Toda la información de las etapas ya publicadas en Ruta 47.

Salamanca, ciudad estudiantil

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaHoy me levanto sin prisa. Ayer, como siempre, se me hizo muy tarde organizando el material y estudiando un poco la etapa de hoy tras cenar con Ángela, y tengo que descansar. A estas alturas ya empiezo a clasificar las etapas en normales (350 Km) que coincide con la media, cortas, de alrededor de 200 Km y largas, que sobrepasan los 400 Km. La mayoría de las etapas largas ya las he recorrido y las que me quedan, me permitirán hacer paradas más largas. Además estos días me toca rodar por carreteras menos curveadas y en teoría debo hacer mejor media que hasta ahora.

Llego al desayuno bufet y casi están ya recogiendo. He llegado por los pelos. No me fijé ayer pero el desayuno es solo hasta las 10:30. Tengo todo el comedor para mí. La sala es grande y tiene varios balcones. Me asomo por uno de ellos y me sorprende la vista. Es la Plaza Mayor.

La entrada al hotel era modesta, y la habitación que me han dado era más bien pequeña. No me ha importado porque era muy acogedora y viajo solo, pero pensaba que todo el Sercotel Las Torres era igual. Pregunto a la camarera y me dice que el hotel es grande y de habitaciones amplias. De las vistas, ya ni hablamos. 

Decido terminar mi café admirando el ir y venir de los turistas y estudiantes desde el balcón, una buena forma de comenzar el día.

Con el estómago lleno, decido ir al parking donde ha dormido Dita, para acercarla al hotel y poner las maletas, mientras escucho a los Salmantinos “Redneck Surfers” y su tema “Fire”. Es complicado porque toda la zona es peatonal y hay mucha gente transitando a pie así que por respeto a los transeúntes, como hice en Donosti, decido empujar la moto, los 200 metros que separan el hotel del Parking. A medio camino, una persona sentada en una esquina, pregunta con aire jocoso ¡Qué! ¿No te arranca la burra? Yo le contesto: No es eso, es que por respeto a los demás no quiero arrancar la moto por esta zona peatonal.

De repente cambia la expresión de su cara y me contesta ¡Me parece De Puta Madre! Yo, me río. Creo que le he demostrado que los moteros somos gente seria y respetuosa.

Coloco las maletas a Dita y salgo a la puerta con la recepcionista del hotel a hacernos la típica foto testimonial, que amablemente nos hace alguien que pasaba por allí.

Pongo Rumbo a Plasencia de la provincia de Cáceres

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaVuelvo a empujar a Dita, esta vez sorteando las terrazas que han colocado en esta media hora que he tardado y al doblar la esquina arranco para irme. Sin duda esta es otra de esas ciudades que volveré a visitar con más calma. Empiezo a pensar que tardaré un tiempo en salir al extranjero. La Ruta 47 me esta sabiendo a poco.

Hasta hoy he estado rodando por la mitad norte de la Península. Hoy comenzaré a hacerlo por la mitad sur entrando en Extremadura. Tenía ganas. Esta gran comunidad la visité solo de paso, por nacionales y autovías. Durante estos días lo voy a hacer por sus entrañas: las secundarias que tanto me gustan, aunque no pisaré Badajoz hasta dentro de una semana.

Voy tarde, como siempre, pero sin prisa. A pesar de todo, me paro a hablar con un lugareño, que como es motero, me ha entrado en un cruce tras ver a Dita. ¡Vaya motaca llevas!, es el inicio de su conversación.

Mi GPS se vuelve loco tratando de llevarme por calles peatonales. Se ve que el mapa que llevo no está actualizado y se empeña en meterme por todo el centro así que recurro al truco de decirle que me lleve al primer Waypoint, situado en el primer cambio de carretera. Una vez allí y ya fuera de la ciudad de Salamanca seguiré la ruta prevista por la provincia.

Alba de Tormes

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaEnfilada la CL-510 vuelvo a cargar la ruta prevista y continúo por tierras salmantinas donde las rectas son las protagonistas. El cielo está gris, pero las nubes no amenazan lluvia.

Diviso a lo lejos una gran torre situada en un pueblo. Se huele la historia de este lugar y su torre cada vez es más apetecible. Apenas he recorrido 25 km pero tengo que hacer la parada. El pueblo se llama Alba de Tormes, y accedo a él tras cruzar el río que lleva la segunda parte de su nombre.

Paso por varios edificios históricos y acabo en la Oficina de Turismo, al pie de la torre, que no resulta tal, sino el Castillo de los Duques de Alba. El recinto está abierto para peatones, pero no dudo en preguntar en la oficina de Turismo si puedo meterá a Dita para hacer algunas fotos. La persona de la Oficina de Turismo que me atiende, muy simpática me da permiso y me hace de fotógrafa. Por falta de tiempo y gran pena declino la invitación a ver el castillo por dentro y me pongo en marcha de nuevo.

Provincia de Ávila: comarcales como la AV-110

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaEntro en la provincia de Ávila. Noto que el paisaje ha cambiado. Sigue habiendo grandes rectas con ganado que pasta en las grandes extensiones de terreno vallado adornado con árboles. Veo también muchos muros de piedra seca y como no quiero terminar la ruta sin hacerme una foto en uno y no tuve tiempo de hacerme la instantánea en Zamora, decido hacer una parada a hacer una sesión.

Llego a Gallegos de Sobrinos. Abandono la AV-110 que me ha traído hasta aquí, para introducirme en el Valle Amblés y comenzar así el último tramo de curvas antes de llegar a la amurallada ciudad de Ávila. 

El paisaje en este valle es curioso: primero, unas extensiones de terreno delimitadas con serpenteantes muros de piedra seca, hasta llegar al Alto de Las Fuentes, a 1500 metros de altitud y después unas enormes rocas, unas encima de otras. Me pregunto: ¿Cómo habrán llegado a estar colocadas de esta forma? 

Dejo atrás las carreteras secundarias y enfilo la N-110 que me lleva directo a Ávila. Son casi las 4 de la tarde y los restaurantes ya empiezan a no servir comidas así que pienso ¿Qué hago?

¿Cómo algo por aquí o me meto en Avila a picar algo?. Como siempre, la falta de tiempo, me dirige hacia la primera opción. Además, ayer tuve problemas con el wifi del Sercotel Las Torres y tengo que enviarle unos archivos por email a Elena, así que será una buena ocasión para comer de plato y trabajar un poco mientras lleno el buche.

Ávila: Ciudad amurallada

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaParo en La Travesía, un restaurante de carretera situado en medio de una larga recta, a comer un menú del día. Con los deberes hechos y el estómago lleno, me dirijo hacia Ávila por la nacional y a pocos kilómetros, decido tomar un desvío para hacer unas curvas, por el trazado previsto. Como siempre, las secundarias son un acierto: Más curvas, más muros de piedra seca, más pedruscos gigantescos y más soledad. A la altura de Martiherrero, ya se divisa Ávila.

Llego a la capital abulense. Ya la visité también con detalle en una ocasión anterior así que me conformo con sacarme una foto con Dita y la impresionante muralla de fondo, para dejar constancia de mi visita, pero antes debo repostar así que paro en la primera gasolinera que veo. Tras repostar le pregunto al dependiente: ¿Cuál es ese punto privilegiado para hacer una foto de la muralla? A lo que me contesta: Justo ahí, me señala con el dedo, en los cuatro postes. Qué casualidad, no voy a tener ni que desplazarme.

Los Cuatro postes, es un mirador colocado estratégicamente para disfrutar de una panorámica de la muralla y cuando me acerco hay algunos turistas. Su presencia en esta ciudad y en este lugar en concreto es omnipresente así que allí voy yo, a hacer más bulto. Me salto los bolardos colocados para impedir el paso de los coches y meto la moto hasta la cocina. La foto con Dita es imprescindible. A pesar de todo, no me miran mal. Como siempre, la empujo para mostrar un poco de educación.

Algunas fotos y… pongo rumbo al Alto de Mijares 

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-Plasencia. Alto del Puerto de Mijares.Cuando ya he hecho suficientes fotos, me fijo en una pareja de jóvenes y le pregunto a él: Perdona, ¿te importaría hacerme de modelo? Me mira con cara de asombro y continúo, bueno, tú no, tus manos. Como hice en León, le pido que se ponga mis guantes y le hago 4 o 5 fotos para enviar a Garibaldi. A cambio del favor, les regalo un par de chapas de La Ruta 47, mientras mi modelo comenta: ¡pues sí que son suaves estos guantes!.

Son casi las 6 de la tarde y me quedan todavía 225 km para llegar a Plasencia, final de etapa de hoy así que me voy de Ávila haciéndome a mí mismo la promesa imposible de no volver a parar hasta llegar a mi destino. Un detalle me motiva para no parar y es que el cielo se está cubriendo y mientras avanzo, veo las cortinas de lluvia que por suerte están de lado y puede que no me moje tampoco hoy, pero queda un largo camino y todavía puede pasar de todo.

El paisaje se vuelve más montañoso cada vez y esas nubes negras que de vez en cuando dejan pasar los rayos del sol de mayo, proporcionan esa iluminación amarillenta tan especial de los momentos previos a las tormentas de primavera. 

El asfalto es ancho, lo que me permite ir bastante rápido ante la amenaza de tormenta mientras avanzo hacia las montañas que cada vez están más cerca. La cosa se pone interesante.

Tras un ascenso espectacular, llego al Alto de Mijares, situado a 1570 metros de altitud y no me queda más remedio que romper mi promesa. La vista desde aquí es espectacular. Con la Sierra de Gredos al fondo y la luz de este cielo amenazante sería pecado no parar aquí. A esta hora no pasa nadie y la calma que se siente, incita a dejar la mente en blanco y disfrutar de esta paz que da la soledad de la montaña.

Entro en Extremadura 

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaSin dudarlo, y huyendo del asfalto, meto a Dita en la hierba para hacer quizá la mejor foto que he hecho hasta ahora. Me ha costado un rato prepararla, pero he conseguido fijar el minitrípode sobre una piedra y tras activar el temporizador de la cámara, he corrido, para por un breve momento ser el protagonista de este instante.

Entro en la comunidad de Extremadura, por la provincia de Cáceres. He descendido el curveado puerto que tanto me ha costado abandonar y entre la constante amenaza de lluvia y tras incorporarme a una carretera más recta y ancha, he podido apretar un poco el acelerador para cambiar de provincia. Es ya tarde y me gustaría haber llegado al hotel. Además es viernes y me apetece salir a dar una vuelta por la noche.

Seguro que en una localidad como Plasencia hay ambiente los fines de semana, así que una vez más vuelvo a hacerme la promesa de no parar. Se nota la caída del sol. Todavía hay mucha luz y por un momento dudo si seguir la ruta prevista para pasar por el Valle del Jerte o continuar por la EX-203 que conduce directamente a Plasencia y me ahorraría entre media y una hora. 

Asciendo 1000 metros en poco más de 20 km

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaNo lo pienso demasiado y me decanto por la primera opción. No puedo dejar de lado este paraje tan singular que atrae a tantos turistas aun siendo consciente de que el valle no está en plena floración. No sé cuando volveré y no quiero perderme estas carreteras. No tiene mucho sentido viajar de noche, pero aunque así sea, no haré muchos kilómetros en la oscuridad.

Así que llegado a Cuacos de Yuste, giro a la derecha para cambiar de carretera y comienzo un ascenso que me lleva hasta Piornal, el pueblo más alto de Extremadura.

Ha sido un acierto continuar la ruta prevista. El ascenso parece no tener fin salvando un desnivel de 1000 metros en poco más de 20 kilómetros y las vistas desde aquí son espectaculares. No hay nieve pero me encuentro con varias pequeñas cascadas de agua que adornan las cunetas de un asfalto bastante estropeado.

El Valle del Jerte

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaLlego a Piornal, donde el asfalto se ensancha y mejora muchísimo. Comienzo el descenso por el Valle del Jerte. La carretera es ancha, sin gravilla y con la ayuda del GPS decido bajar pilotando un poco. Curvas en zigzag que me permiten hacer tumbadas sin miedo a encontrarme con sorpresas en el asfalto. Noto un aroma diferente. Me levanto el casco y aspiro profundamente. El olor a cereza lo empapa todo. Me doy cuenta que realmente debe ser impresionante este valle en plena floración de los cerezos, porque creo que no he visto jamás una concentración de árboles tan grande de la misma especie. Otro lugar al que tengo que volver cuando este en pleno auge. Queda anotado.

Disfruto de otro bello atardecer en el Valle del Jerte y poco después de llegar a la parte inferior del descenso ya es de noche. Estoy a solo 22 km del final de etapa.

De tapas en Plasencia

ver galeríaRuta 47 (17º etapa): Salamanca-PlasenciaRuta 47 etapa 17º: Salamanca-PlasenciaLlego a Plasencia. Hago el check in en el hotel. Tras la ducha de rigor, llamo a mi familia, que esta cenando con unos buenos amigos. Curiosamente Toño es Extremeño. Mis hijos, ocupados con niños de su edad no me hacen ni caso. Con voz de cansancio le cuento a Elena que me duele todo. No estoy acostumbrado a rodar tantos días seguidos en moto y realmente necesitaría descansar un día o dos, pero no puede ser porque tengo todo programado. Le digo: ¡Pásame a Toño! Cuando lo tengo al aparato, le grito: Tío… ¡me lo estoy pasando de Puta Madre!. Elena pregunta: ¿Pero no estás tan hecho polvo? Bueno, lo cortés no quita lo valiente. Las dos son ciertas.

Salgo a cenar. Pregunto en recepción dónde puedo picar algo y me dicen: De tapas.

Me dan un plano de la ciudad recomendándome unos 3 o 4 garitos de marcha y tapas y salgo para allá. Es viernes y hay mucho ambiente. Tengo hambre y en una hora visito todos los bares que me han recomendado comiéndome una tapa con una cerveza. No esta mal, pero llego a la conclusión de que el Sur, al menos en esta parte, no es tan barato como dicen. Sí es verdad que el precio no es caro, pero la caña por aquí es el equivalente al zurito del Norte, y los pinchos de Gipuzkoa y Navarra, a los que estoy acostumbrado, no tienen nada que ver. Con todo, he matado el hambre y he vuelto un poco pedo al hotel. No estoy acostumbrado a beber tan rápido. 

Vuelvo al hotel dando un paseo por el casco histórico de Plasencia. Como siempre, archivo el material, preparo la ruta de mañana y me voy a la cama sin poner el despertador. La ruta de mañana es corta y no tengo prisa por levantarme.