Las motos fracasadas: 15 motos incomprendidas

Gonzalo de Martorell

Aunque detrás de cada nuevo modelo hay mucho trabajo de estudio y desarrollo técnico, las marcas no siempre aciertan. De hecho, la historia de nuestro sector está llena de ejemplos de motos que no cuajaron...
Algunas porque eran directamente una mala idea y otras porque, aún siendo máquinas interesantes y funcionales, se adelantaron a su tiempo y no fueron comprendidas por el mercado.
Lo realmente paradójico es que la mayoría de ellas, como si de modernas Cids de la ingeniería se tratara, han ganado sus batallas después de muertas convirtiéndose en máquinas de culto buscadísimas y cotizadísimas por los coleccionistas.
Esbocemos, por tanto, una sonrisa de amable benevolencia al repasarlas, pero recordemos también la máxima de Soichiro Honda: “el principal componente de un éxito es un 99% de un fracaso anterior”.

Haleson Steam Powered (1903)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos incomprendidas: Haleson Steam Powered (1903). Foto de Fryske

En los primeros tiempos de la motocicleta los pioneros estaban dispuestos a asumir unos riesgos que hoy nos parecen directamente inclasificables. Con los motores de combustión interna todavía en pañales se experimentó con todo tipo de propulsores y los de vapor fueron uno de ellos. Al ingeniero de Bristol William Hale, por ejemplo, no le pareció que el hecho de que el conductor de su Haleson se sentara directamente sobre una caldera de latón con vapor a alta presión fuera para tanto. El problema era que la caldera en cuestión -que alimentaba un motor monocilíndrico de 200 cc- presentaba una molesta tendencia a explotar en plena marcha bajo el trasero del incauto motorista.

Harley-Davidson Topper (1960)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos incomprendidas: Harley-Davidson Topper (1960)

A la vista del éxito superlativo de las Vespa y las Lambretta, la marca de Milwaukee decidió en una hora infausta lanzar su propio scooter. En Harley creyeron que la fuerza de su logotipo bastaría para plantar cara a los italianos, pero es que al Topper no había por donde cogerlo. Proponía para la carrocería una vanguardista combinación de acero y fibra de vidrio, pero su motor de 165 cc era poco potente -apenas 6 CV- y se arrancaba dando un tirón a una cuerda como un fueraborda, lo cual no era nada práctico. Lo más grave, con todo, es que su motor se sobrecalentaba a los pocos kilómetros ya que no incorporaba ventilador, dado que los ingenieros habían supuesto erróneamente que al estar dispuesto en posición horizontal el propio aire en circulación lo refrigeraría. El desastre mecánico no terminaba ahí: la grasa del embrague automático caía directamente sobre la correa de transmisión por lo que el Topper, literalmente, dejaba de avanzar en el momento más inesperado.

Shifty 900 (1977)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Shifty 900 (1977)

Juntar en un mismo concepto “motor de FIAT 127” y “moto” ya parece, de entrada, algo tan absurdo como efectivamente llegó a ser el resultado final. La Shifty fue diseñada en 1977 por Ugo Grandis, un ingeniero de Chrysler, con la intención de construir una GT que equipara el cuatro cilindros de 903 cc y 49 CV del mítico utilitario 127. Nunca sabremos qué se le pasó por la cabeza a él a la hora de pergeñar semejante aberración y a otros para financiarla. La moto era fea hasta llorar, pesaba horrores -280 kilos en seco-, era un ruidoso laberinto de engranajes y reenvíos y además ¡obligaba a cambiar de marchas haciendo la H con el pie!

Ossa Urbe (1982)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Ossa Urbe (1982)

Quizás uno de los ejemplos más claros de una buena idea que llegó demasiado pronto. En 1982 nuestra querida OSSA daba sus últimos coletazos y en un intento desesperado por sobrevivir intentó ampliar su abanico de modelos de carretera y lanzar la Urbe, con el motor 2T de la Copa 250. La propuesta de una moto urbana, limpia y cómoda para el día a día, totalmente carenada y con maletas incorporadas era genial e innovadora y de hecho hoy la vemos tan completamente actual...  que ese fue precisamente su problema; la Urbe se adelantó 35 años a un mercado todavía incapaz de comprenderla. Tampoco ayudaron a su escaso éxito -se vendieron apenas 200 unidades- una estética poco refinada, una calidad de componentes “de crisis” y la inestabilidad que ya acompañaba a la legendaria “Orfeo Sincrónico S.A”.

BMW K-1 (1988)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: BMW K-1 (1988)

En el ‘82, el año del naranjito y el mismo en el que OSSA mostraba su agónica Urbe, BMW presentaba la primera generación del motor K que debía impulsar un año más tarde a su modelo estrella, la K100. La respuesta del mercado fue de tal entusiasmo que la casa alemana sobrevaloró el potencial del propulsor y de esa sobrevaloración nació el que sigue siendo uno de sus mayores fracasos comerciales: la K1. Hoy en día, como explicábamos anteriormente, se ha convertido en una de las “joyas de la corona” de cualquier coleccionista de motos bávaras, pero en 1988 -cuando fue lanzada- causó estupor. El problema de la K1 era ya de concepto; la Bayerische la vendió como una súper deportiva capaz de hablar de tú a tú a las japonesas cuando en realidad era una sport-turismo... más "turismo" que "sport". BMW no fue realista respecto a las posibilidades deportivas reales de aquel primer propulsor K ni con las de la parte ciclo derivada de la RS y lo pagó caro... aunque transcurridos casi 40 años hay que reconocer que su diseño sigue llamando la atención.

Vespa Cosa (1987)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Piaggio Vespa Cosa (1987)

Aunque la historia de Vespa es una historia de éxito, también en Piaggio han tenido alguna “mala tarde” y la Cosa es hija de una de ellas. En los 80 el scooter italiano quiso sorprender con un modelo más moderno, más “ochentero” y el resultado fue un producto hecho a toda prisa que incluso hoy los puristas de la marca de Pontedera se resisten a considerar digno de la familia Vespa. La Cosa aportaba algunas mejoras técnicas tan interesantes como la frenada hidráulica integral, pero en esencia era una PX tuneada y con otro nombre... y los vespistas aborrecieron de inmediato su estética “industrial” y ese inverosímil asiento sobre elevado. Si le sumamos que su mezclador automático de aceite dio muchísimos problemas al romperse y provocar gripajes entenderemos porque, hoy en día, la Cosa siga siendo la “Piaggio maldita”.

SUZUKI FX425 “Ugly Duck” (1991)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Suzuki FX425 “Ugly Duck” (1991)

Los ‘90 fueron años cargados de optimismo y la intención de Suzuki con su “Patito Feo” era buena e iba en consonancia: crear una moto playera que tuviera un simpático aspecto de máquina de dibujos animados y capaz de agradar a todos los públicos convirtiéndose en algo así como un “buggy” de dos ruedas... pero olvidaron advertir a sus clientes de que el precio no incluía los zapatones y la nariz roja. La pobre FX425 tenía unas cualidades dinámicas nada desdeñables e incluso hubo una versión con una más que avanzada tracción integral... pero el sentido del ridículo de los potenciales clientes pudo más y a nadie le interesaron ni una ni otra. Cuando Suzuki percibió el desaguisado no tardó ni un minuto en recordar que se trataba de una “concept” y de que no iba a pasar a la producción en serie... pero lo cierto es que el fracaso de la “Patito Feo” volvió a Suzuki algo conservadora y condicionó el diseño de las motos “fun” de la marca de Hamamatsu durante una década. 

Yamaha GTS 1000 (1993)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Yamaha GTS 1000 (1993)

Otro claro ejemplo de moto tecnológicamente avanzada que el mercado -tradicionalmente conservador- no supo valorar. Nacida en los felices 90, la GTS y su futurista tren delantero monobrazo pretendieron revolucionar el segmento Gran Turismo Sport pero su interesante concepto innovador no pudo tanto como algunos de sus defectos. En general la GTS era una buena moto -tenía un revolucionario chasis de aluminio en forma de omega, montaba el explosivo motor de la FZR 1000 Exup 20V pero limitado a 100CV y con inyección electrónica EFI que no llevaba ni la deportiva de la que derivaba: de hecho fue la primera Yamaha de gran serie con este tipo de alimentación. Equipaba un potente disco delantero de freno de seis pistones con opción al ABS y ofrecía una comodidad y estabilidad en marcha excepcionales. Pero era demasiado pesada -270 kilos en vacío- y en parado y a poca velocidad la dirección era una tortura por culpa de un radio de giro minúsculo que obligaba a hacer muchas maniobras y agotaba al conductor. Lo mismo en acción, era una moto diseñada solo para rutas de autopista y en curvas era un suplicio en esfuerzo que se debía realizar sobre sus angostos semimanillares. Su alto precio, lógico a tenor de la tecnología aportada pero fuera de rango con otras GT convencionales, tampoco ayudó. Probablemente en una segunda versión del modelo los ingenieros hubieran resuelto la mayoría de esos problemas... pero no se le concedió esa segunda oportunidad. 

Aprilia Moto 6.5 (1995)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Aprilia Moto 6.5 (1995)

Para muchos especialistas en la historia de la marca de Noale, el fracaso de la Starck marca el principio del fin de la era dorada de Aprilia y su intento por convertirse en la marca italiana Premium. En cierto modo puede que así sea, aunque, curiosamente y pese a no haber funcionado comercialmente, se trata de una moto muy bonita a la que solamente se le puede reprochar haber llegado demasiado pronto a un mercado que no estaba todavía preparado para una estética que hoy tiene más sentido. La sentenciaron un exceso de plástico y unas líneas minimalistas que no encajaron en unos gustos donde aún primaban la contundencia y los volúmenes. La 6.5 al final se quedó en una incómoda “tierra de nadie” que la hizo demasiado urbana para los moteros y demasiado motera para los urbanitas. Hoy, en pleno boom de la generación “millenial”, ya hay quien pide el regreso de una versión 2.0.

BMW C1 (2001)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: BMW C1 (2001)

 De hecho, hoy en día, el C1 sigue estando considerado uno de los mayores y más rotundos fracasos comerciales de la historia de la marca bávara, incluso por encima de la denostada K1. La idea de un “scooter cubierto” que adaptara algunos conceptos automovilísticos era prometedora y atractiva, pero llegó tarde al mercado y cobró forma en un vehículo pesado, con una inquietante personalidad de “tentetieso”, una disposición absurda del pasajero y un ruidoso motor Rotax a todas luces insuficiente para mover el conjunto final. El vehículo fue retirado de producción tras apenas dos años en el mercado y acabó siendo sido utilizado como “regalo-gancho” para incentivar la compra de automóviles de gama alta de la casa. Convertida poco tiempo después de su retirada de producción en una moto “de culto” para los bemeuvistas acérrimos, BMW tuvo que reabrir incluso su cadena de montaje para construir una pequeña tirada destinada a satisfacer esa exclusiva demanda.

Yamaha MT-01 (2005)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Yamaha MT-01 (2005)

A pesar de los años transcurridos, sigue siendo uno de los fracasos que más duelen en la casa de Iwata cuando se lo recuerdan, porque Yamaha puso muchísimo cariño en una moto espectacular que pretendía ser su nueva “Muscle Bike” de referencia. Sin duda tenía personalidad y sus componentes y acabados eran excepcionales pero el concepto era pretencioso. El problema de la MT-01 fue precisamente que, queriendo estar en varios sitios a la vez, no estaba en ninguno en concreto. Llevaba un motor custom - un 2 cilindros en V de carrera larga a 48º OHV, de 8 válvulas y refrigerado por aire que entregaba 90 CV- pero no era una custom, resultaba demasiado pesada para ser una naked sport y tenía una parte ciclo derivada de la R1 a la que no se podía sacar partido porque pesaba 260 kilos.

Suzuki B-King (2007)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Suzuki B-King (2007)

Cuando la primera B-King fue presentada causó sensación. Su imagen era impactante, su motor derrochaba potencia -utilizaba el 1340 cc de la Hayabusa- la calidad de finición era de orfebre y el modelo recogía la historia de aquellas GSX 1400 que fueron dueñas y señoras de las grandes naked durante casi una década. Además, el concepto “streetfighter” andaba huérfano de representantes y la moto lo tenía todo para convertirse en la nueva referencia de Suzuki. Sin embargo, a la casa de Hamamatsu le ocurrió con su B-King lo mismo que a Yamaha con la MT-01; su moto quiso agradar a tantos tipos de público que no agradó a ninguno. Era demasiado pesada y voluminosa para quienes buscaban una streetfighter y demasiado excesiva para quienes querían una naked sport más polivalente. Y por encima de todo la B-King fue lanzada demasiado tarde, cuando el tiempo para el concepto de “moto masiva” que representaba ya había pasado. Aún así sigue siendo considerada una de las Suzuki más bonitas jamás fabricadas y una joya de colección para apasionados de la marca.

Harley-Davidson XR1200 (2009)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Harley-Davidson XR1200 (2009)

La idea parecía buena; una máquina -en principio sólo destinada al mercado europeo, aunque después también se vendió en los USA- que heredaría la imagen de las míticas XR-750 de Dirt Track y ofrecería una opción más deportiva dentro de la gama Harley-Davidson, al uso del naked sport que arrasaba en el mercado. La XR1200 fue el intento de acercar a la marca americana a los potenciales aficionados alejados del estilo custom. La moto derrochaba carisma, personalidad y tenía unos acabados de máximo nivel, pero ocurrió justo lo que se veía venir; para los harlystas era demasiado moderna y para los no harlystas “demasiado harley”. Montaba el pesadote y perezoso motor de la Sportster 1200 y aunque tanto éste como la parte ciclo resultaban muy eficaces para un uso general, estaban muy lejos de lo que se esperaba de un conjunto calificado como “sport”. De todos modos, en una marca como la de Wisconsin donde todo se colecciona y se guarda con fe casi religiosa, la XR ha ido revalorizándose temporada tras temporada.

Aprilia Mana 850 GT (2008)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Aprilia Mana 850 GT (2008)

Si hoy habláramos de una naked ligera y puro diseño italiano, con cambio automático y secuencial por pulsadores, frenos ABS, gran capacidad de carga bajo el depósito, buena potencia con un consumo económico e incluso posibilidad de elegir entre varios modos de conducción, muchísimos moteros urbanitas preguntarán dónde hay que firmar. Y sin embargo siendo todo eso exactamente lo que ofrecía la Aprilia Maná en 2008, pasó completamente desapercibida. A la moto de Noale le pesaron tres cosas: llevar en el depósito el logo Aprilia en una etapa de transición de la marca, un precio fuera de mercado en un segmento en el que -precisamente- el precio es fundamental y la incomprensión hacia unas soluciones que solamente una década después ya se nos antojan completamente normales.

Honda NM4 “Vultus” (2014)ver galeríaLas motos fracasadas: 15 motos incomprendidasMotos fracasadas: Honda NM4 “Vultus” (2014)

Honda ya había rozado el larguero con la DN-01, una moto tecnológicamente avanzadísima, que abrió el camino al cambio secuencial DCT y que no funcionaba nada mal en su estilo pero que estéticamente resultaba ya muy, muy complicada. Sin embargo, la marca quiso forzar un poco más el concepto futurista, confió en un grupo de quizás demasiado jóvenes y entusiastas diseñadores y en 2014 sacó a la calle la incalificable NM4 Vultus que, fue recibida con más estupefacción que entusiasmo y rápidamente rebautizada por el mercado con el acertado apelativo de “Batmoto”. Igual que ocurría con su antecesora, era un verdadero catálogo de tecnología a la última de Honda, pero la brillante ingeniería quedó sepultada bajo una estética que la condenó a ser considerada simplemente la excentricidad para coleccionistas que es actualmente.