Recorriendo Arabia (5º y último episodio): El duro regreso

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Poco se puede decir de unas ciudades con apenas historia. Todo me resultó tremendamente artificial. “El edificio más alto del mundo, la torre más alta del mundo, la famosa “The Palm Jumeirah” que resultó otro conglomerado de centros comerciales, parques de atracciones y hoteles”. Podemos leer aquí la etapa anterior: Arabia en moto con Akatil.

Ciudades sin historia, centros comerciales y mucho calor

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Burj Al Arab, el hotel más lujoso del mundo en Dubai.

Dubai, Abu Dabi, ciudades con desérticas calles, sin apenas gente transitando por ellas. Todo el mundo está dentro de lujosos centros comerciales donde hacen su vida para paliar las altas temperaturas. Lujo y ostentación sostenido por el trabajo de indios, paquistaníes, bangledeses y algunos filipinos principalmente, que son prácticamente los únicos que trabajan allí.

Césped artificial en todos su parques, grandes coches en cualquier aparcamiento de cualquier rincón de la ciudad, excepto, claro está, en las zonas donde viven los inmigrantes; aquí los barrios se transforman en países dentro del gigante. Por ejemplo el barrio de Deira, uno de los más antiguos de la ciudad, es como si estuvieses en India “en todos los sentidos”, olores, colores y basura por todos los lados.

Aquí esta la Ría de Creek, donde una especie de barcas taxi, llevan a la gente a modo de autobuses a trabajar a diferentes lugares de Dubai. Yo la utilice para visitar la “antigua ciudad”, como la llaman ellos, que en realidad es una nueva ciudad construida a modo de poblado del desierto para crear una vez más lo que no tienen: historia.

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Ría de Creek, con sus famosos barcos-taxi.

Y cuando abandonas Emiratos Árabes Unidos a través de Dubai, lo único que te encuentras es desierto, kilómetros y kilómetros de desierto sobre el que se ha ido construyendo todo lo que constituyen hoy los Emiratos. De vez en cuando, a lo lejos, “asentamientos beduinos para el turisteo”, no muy alejados de la carretera principal pero si para crear la sensación de dormir en el desierto.ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Antigua ciudad de “nueva creación en Dubai”.

A parte de todo esto, la anécdota principal fue precisamente a mi llegada a EAU, donde en la oficina de inmigración, se dirigían a mi como la española y es que allí nos aprecian mucho. Es un país en el que no se nos exige visado y donde te preguntan: ¿Cómo está Juan Carlos? ¿Juan Carlos, decía yo?.... Ahora es Felipe. Ya, ya ¿Pero, y Juan Carlos está bien?.... Casi les digo algo así como, “si bueno, estuve tomando café con él” jejejej. Y es que al emérito le ven así de cercano por aquellos lares.

Sultanato de Omán

Hace mucho calor, estoy ante la frontera de Omán, son las 9:00 de la mañana y me dirijo a la oficina para tramitar mi visado el cual resultó tremendamente fácil de adquirir. Todo muy rápido y con una buena atención por parte de los funcionarios.

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. De las primeras personas que conocí en Oman.

Este sultanato que apenas se conoce, está lleno de fuertes de la época colonial portuguesa para controlar el famoso Golfo de Omán. 

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Fuerte Bakal, uno de los muchos de fuertes salpicados por todo el sultanato.

Aguas color turquesa, espléndida arquitectura, desiertos y parajes verdes en la época del monzón. Uadis, reservas de tortugas, ciudades de “Las mil y una noches”, islas donde las mujeres van con máscaras y un extraño contraste entre modernidad sostenida para atraer al turismo y fuertes tradiciones.

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Uno de los famosos uadis (oasis) del sultanato.

Omán es un país donde intentan fomentar el turismo como fuente de ingreso, no dejando todo de la mano del petróleo como sus vecinos países y para ello están tomando acciones como la de conservar su arquitectura tradicional, obligando a conservar la tipología y no rompiendo la armonía en las ciudades.

Viajar por Oman en moto es un deleite. Rodando entre el desierto y la mar. Llegando a playas paradisíacas o a sus famosos uadis.

La isla de las máscaras

De las cosas que más me llamaron la atención fue la isla de Masirah, un lugar elegido por aquellos amantes del submarinismo por la riqueza de sus aguas. ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Mujer de la isla de Masirah.

Quizás me esperaba algo más de aquella isla que en realidad es una pequeña porción de terreno con poco que ver, excepto eso sí, lo que hay bajo el agua color turquesa, corales, peces de todos los colores, reservas de tortugas y como en todo Omán, acampada libre, aunque con las altas temperaturas y sin apenas sombra resultaba misión imposible con sus 36 grados a las 6 de la mañana.ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Acampada libre.

En esta isla las mujeres llevan por imposición máscaras; no se sabe muy bien su origen. Por lo que entendí son tradición heredada de la época colonial portuguesa y unos dicen que era para cubrirlas del sol y otros por cuestiones religiosas y culturales... Sea como fuera, aquello me llamaba la atención y una de esas mujeres, me atravesó el alma. Normalmente se esconden y no quieren que las fotografíes. Yo suelo ser muy respetuosa con estas cosas y si “robo” alguna foto nadie se entera de ello. 

Miraba mi mapa en papel aparcada en un lado del pueblo a la sombra y una mujer sentada al fondo me hizo gestos para que me acercará; supongo que mi melena la tranquilizó y su curiosidad por saber qué hacía una europea sola y en moto por allí la atrapó.

La mujer me hacía gestos con su máscara como de querer quitársela de encima, asentía con la cabeza. Yo llevaba unas gafas de cristal, de estas que impiden ver tus ojos y gracias a ellas las lágrimas que me salieron se ocultaron de esta señora mientras acariciaba mi cara como diciendo “¡ojala, ojala pudiese yo llevarla así, al aire!”. Hay cosas que ni las palabras más acertadas pueden describir y ésta es una de ellas.

El Desierto de Arabia

Uno de mis propósitos era conocer ese inmenso desierto al que las fronteras no pueden poner límites y donde se ha disputado el Dakar 2020. Había encontrado un campamento de beduinos y quería pasar la noche en él.

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Desierto en Arabia.

La carretera que te acerca a la entrada del desierto está llena de bancos de arena que fui esquivando o pasando poco a poco como pude. De repente el camino se terminó sin más y empezó el desierto por una pista más o menos aplastada y donde había rodadas y un todo terreno a todo gas que venía en mi dirección saliendo del desierto.

Me dispuse a bajar las presiones de los neumáticos todo lo que pude, pero mi moto es muy pesada. Ya de por si en arena con una moto “dakariana” es complicada y si a eso le sumas que no soy experta, ni mucho menos en este medio, la cosa no podría terminar de otra manera que con la moto enterrada.ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Campamento de beduinos.

En anteriores viajes había atravesado el desierto de Kyzyl Kum entre Uzbekistán y Kazajistán, o el desierto de Yazd en Irán pero con pistas de arena más o menos prensada y este desierto el de Arabia, es un Desierto con mayúsculas.

Sacar la moto de allí con mi inexperiencia en el tema, fue ardua tarea y los 50 grados no lo ponían más fácil. Literalmente desnuda por el calor, comencé a quitar las maletas y todo el peso que podía de la moto. Aplané el terreno e intenté una y otra vez sacarla de allí pero no había forma y se me ocurrió meter debajo la esterilla para dormir y con ella intentar conseguir tracción  y “eureka”, así que con la cabeza fría que necesita ese punto de gas para conducir por arena, volví al lugar de origen y busqué un chofer experto que con su todo terreno me llevaría al campamento beduino y quien me iba haciendo gestos con su mano en la cabeza a modo de “estás loca por entrar con la moto por aquí”.

¡Una retirada a tiempo es una victoria! Y sobre todo cuando viajas sola.

El complicado regreso durmiendo en mezquitas

Conseguí un salvoconducto para atravesar Irán que me permitía conducir por el país persa durante dos días para hacer 2.130 km y salir por la frontera indicada de Dogubayazabit.

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Regresando con la moto por Irán gracias a un salvoconducto.

En un país como este, donde como he comentado en anteriores ocasiones, se da una de las tasas de siniestralidad más elevadas del planeta, con un lamentable estado en sus carreteras suponía muchas horas encima de la moto con escasas paradas y hacer algo que no me gusta y nunca suelo hacer “conducir por la noche”. Todavía puedo sentir a los camioneros pitándome y echándome hacia la cuneta con sus luces largas que rodean toda la cabina del camión.ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Durmiendo en mezquitas.

Durmiendo en mezquitas foto

No podía salirme de la ruta más rápida, así que dormía unas horas en las mezquitas para poder continuar. El primer día no tuve problema y además pude cenar gracias a la generosidad de una familia iraní, que como siempre te acogen con enorme cariño. El segundo, ya cerca de Tabriz, en el norte del país y con 5 grados me echaron de la mezquita y terminé con mi tienda de campaña en el portal de la misma y encima con un montón de hormigas dentro del casco.

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider. Cerca de Tabriz con la tienda de campaña en el portal de la mezquita.

Escanear la moto

Llegué a la indicada frontera, viajaba con fiebre y estaba muy cansada. Nunca he tenido problemas en ninguna frontera, suelo pasar de todo y echar mucha paciencia al tema, pero estaba vez, creo que mi fiebre y falta de descanso continua me jugó una mala pasada, y ante la “chuleria” de un funcionario, contesté, lo que me supuso pasar más horas de las necesarias en la frontera y con la moto en el escáner de camiones ante la mirada perpleja de todos. 

ver galeríaCon Elsi y su moto enterrada en arena: pero salió de allíElsi Rider.

Fiebre y lluvia

Treinta y nueve grados de fiebre, sensación gripal y un fuerte dolor en la garganta hicieron que tuviese que coger un hotel en Turquía y quedarme dos noches para recuperarme un poco e iniciar el regreso por Europa.

No paraba de llover; era la primera vez que veía inundaciones en Turquía. Grecia estaba igual y en Italia la cosa no mejoraba. Así día tras día, bajo la lluvia, con frío y malestar conseguí regresar a “campo base”, mi casa. 

Una vez más y pese al sufrimiento traía las maletas llenas de nuevas experiencias, de vivencias al otro lado del mundo y sintiéndome feliz al pensar que con mi edad estaba viviendo y conociendo lugares que otros no pueden en toda una vida. ¿Se puede desear algo más?