Arabia en moto con Akatil (4ª parte): Arabia por fin

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Atravesar Irán en camión, con la moto precintada en un contenedor fue toda una experiencia en la que descubrí un mundo nuevo “el de los camioneros”. Jornadas interminables que terminan con muchos de ellos en la cuneta y hogueras a modo de triángulos de señalización en caso de avería, que por cierto eran un montón. Pero hasta llegar aquí han pasado algunas cosas. Puedes leerlas en Elsi Rider en Arabia.

Atravesando Iran en la “clandestinidad”

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de llegar hasta Emiratos ArabesElsi Rider. Circulando por Emiratos Arabes Unidos.Este país persa, como he comentado en muchas ocasiones tiene una de las tasas de siniestralidad más elevadas del planeta. Cada día vi de tres a cuatro accidentes, camiones sin frenos que se despeñaban, otros que ardían y chóferes convertidos en verdaderos mecánicos a pie de carretera.

Recuerdo en el año 2016 cuando recorrí el país con mi moto que era una auténtica locura, tan pronto tenías un camión adelantando a otro camión y a su vez un coche a éste y yo en frente y sin arcén. Entrar en las grandes ciudades era otro periplo con coches cruzados, acelerones, frenazos, en definitiva una pésima conducción.

Clandestina por tres día y sus correspondientes noches

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de llegar hasta Emiratos ArabesElsi Rider. Dejo mi pegatina en el Puerto de Dubai.Así, clandestina, me llegué a sentir atravesando Irán. Hassan intentaba que nadie me viese, aunque paradojicamente iba llamando a todo el mundo para contarles “que llevaba a una europea con una moto”... En las gasolineras Hassan me pedía que no me asomara, que no bajara del camión, no estaba bien llevar a una mujer delante y no queríamos problemas. En alguna ocasión por este motivo nos paró la policía donde Hassan tenía que enseñar el salvoconducto que nos habían hecho en la frontera.

Así que en ocasiones tenía la sensación de ser una delincuente atravesando aquel país con la ayuda de Hassan, quien se portó como un padre conmigo. No dejaba que nadie me cobrase nada, y me llevaba a las mezquitas para ir a los baños. En una ocasión mientras él estaba en la gasolinera bajé a un puesto a comprar unas bebidas y después de “reñirme”, se fue a hablar con el vendedor para que me devolviese el dinero  que me había cobrado de más; se subía al camión me miraba y decía, NO GOD, ¡IRAN, IRAN!.

La dura represión iraní

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de llegar hasta Emiratos ArabesElsi Rider.Ninguno de los dos hablábamos la misma lengua, Hassan solo farsi y ni una pizca de inglés, excepto VERY GOOD … Aún así llegamos a tener conversación durante todo el viaje. En una ocasión me mostró su cuello todo lleno de cicatrices que se correspondían a la guerra contra Irak.

Aquel hombre estaba cansado de la forma de vida iraní, añoraba el pasado donde las mujeres se ponían faldas y despreciaba el velo con gestos. Tenía la espalda llena de marcas también, 80 latigazos y un mes de cárcel por una cerveza... Creo que detestaba todo aquello. Intuyo que me intentaba explicar la dureza del régimen de los Alatoyas con aquellos gestos de desprecio por aquella dictadura, “IRAN, IRAN NO GOOD”, me repetia. 

Era un hombre machacado por la vida. Su jornada en un camión era como el resto de todos ellos, hasta que se durmieran. Supervivencia pura y dura. Ni taquígrafos ni nada, solo el temor a que les vean sin cinturón, que no anclan y tan solo ponen bajo la pierna.

Conducir, comer, hablar por el móvil y ver la tele a la vez

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de llegar hasta Emiratos ArabesElsi Rider.El orden de factores no altera el producto y a la vez Hassan era capaz de hacer estas cosas, entre volantazo y volantazo. Al principio yo “frenaba” y él se reía de mí, cerraba los ojos, me agarraba al techo, y luego me acostumbre, supongo que “me santigüe a todos los santos” y me resigné.

Llevaba un termo con té, comida preparada y conducía con los codos para beber y comer al tiempo, ¡Ah! Y con el hombro hablaba por teléfono y para más riesgo, iba viendo vídeos que me mostraba a mi. Ahora cuando lo pienso, ¡Madre mía!.

Así poco a poco, atravesando el país durante tres días con sus correspondientes noches en un pequeño camión, llegamos a Bandar Abbas, que daría para otro episodio a parte y es que la burocracia iraní es tremendamente lenta y farragosa.

El reencuentro con mi moto Lusi

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de llegar hasta Emiratos ArabesElsi Rider. Interior del barco, zona de mujeres.Hemos llegado a Bandar Abbas, un gran puerto al sur de Irán, donde lo complicado de todos los trámites hacen indispensable contratar a uno de los numerosos busca vidas que hay en todos los puestos fronterizos. 

Cinco horas y al final desprecinto del contenedor. Toca bajar la moto y me llevan a un especie de plataforma para los camiones. Hay aproximadamente un metro de desnivel entre la plataforma y el camión. Como es costumbre en Irán, enseguida se juntan cinco o seis hombres para buscar la forma de bajar aquello. Casi 20 minutos de ideas y yo que tenía unas inmensas ganas de irme, arranqué a Lusi, mi moto y salí literalmente saltando de aquel camión ante la incrédula mirada de todos y Hassan presumiendo de la piloto que había llevado.

Ocho horas más de espera para subir al barco, donde las mujeres miraban orgullosas, y la tripulación me indicaba la zona de mujeres.

Velo fuera y melena al viento

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de llegar hasta Emiratos ArabesElsi Rider. Esperando embarcar con iraníes residentes en Dubai.En aquel barco se respiraba un ambiente diferente. Iranís que vivían en EAU a los que se notaba más libres, mujeres con máscaras como las que me encontraría en Mashira (Omán). Hombres que me miraban muy mal y mujeres que me iban saludando por todos los lados. Fue la primera vez, donde vi un niqab levantado y una mujer fumando llegando casi a Dubai, donde todo se relajó bastante.

En el baño de aquel barco las mujeres se lavaban los pies por la mañana y fue allí donde empezaron a decirme que me quietase el velo. Creyendo yo que en algún momento dado todas lo harían me lo quite y todas me guiñaban el ojo y me levantaban el pulgar, ¡Pero!, para mi sorpresa nadie lo hizo, y terminé con mi melena al viento. Al terminar el trayecto prácticamente todas ellas vinieron a abrazarme y darme las gracias, creo que fui una especie de “mástil abanderando su añorada libertad”.

Al llegar al puerto, dos autobuses esperaban, uno para hombres y otro para las mujeres y yo con mi moto les seguí para entrar en inmigración. A pesar de no necesitar visado los ciudadanos españoles, los trámites con la importación de la moto me llevaron cerca de cinco horas. Una especie de circuito por el puerto de oficina en oficina donde al final terminas pagando un dineral para poder entrar a EAU.

Al final, MISIÓN CONSEGUIDA, contenta, orgullosa y cansada pero feliz de haber podido continuar mi ruta por la Península Arábiga