Arabia en moto con Akatil (3º parte): 3 días en la frontera iraní

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Había conseguido llegar a la frontera con Irán. Existían rumores acerca de la prohibición de atravesar el país con motos de más de 250 cc, que son las permitidas alli. Conocia el territorio, por mi anterior viaje en 2016, en el que no tuve mayor problema.

La odisea de cruzar fronteras

Las conversaciones con la embajada y consulado iraní en España, me lo habían garantizado. Hasta en tres ocasiones llegué a hablar con ellos. Usted ya estuvo allí y no tuvo problemas. “Lo que digan es una cosa y usted no tendrá problema”. Incluso la semana antes de iniciar mi viaje insistí, y su respuesta fue la misma: No había problema. 

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránEn la frontera turco-iraní.

Aparqué mi moto tras un coche turco que iba a llenar el depósito de gasolina en Irán, algo habitual ya que el combustible en el país persa no supera los 0,45 céntimos de euro. Todo parecía ir bien. Pasado un rato salió un funcionario un tanto alterado, decía: ¡moto no, moto no!

Yo Insistía sobre mi visado concedido para el país y les enseñaba mi carnet de passage,  pero ellos se limitaban a decir no, no y no.

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránFuncionarios turcos.

Tras cuatro o cinco horas de espera, donde me hicieron apartar la moto para dejar pasar a otros vehículos, me dicen que me vaya a Turquía otra vez; en aquel momento estaba en tierra de nadie, es decir, esos metros que separan una frontera de otra y yo tenía claro que de allí no salía. 

Supliqué una y mil veces, “solo quiero atravesar Irán” y les mostraba mi pasaporte donde en el año 2016 ya había estado con la misma moto.

Los funcionarios turcos, también fueron a hablar con ellos para que me dejasen pasar, pero no había forma. Al final me fuí a comer con ellos que se portaron de 10 conmigo, y después hicimos un último intento para conseguir atravesar aquella dichosa puerta.

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránDentro del edificio de la frontera iraní.

De aquí no me voy

Eso fue lo que dije exactamente: “de aquí no me voy”. Tengo visado para entrar al país y ustedes no pueden prohibirlo. 

Tras dos horas más, aparecieron nuevos funcionarios rodeándome y gracias a los funcionarios turcos, metí la moto aparcada en la frontera iraní. Había avanzado unos metros más. 

La noche caía y no había solución, yo insistía que había hablado con al embajada en España pero no habita forma. Conseguí contactar con el Cónsul en Madrid, que hablo con el Jefe de la Aduana y de aquella conversación surgió un “tiene que pasar aquí la noche hasta hablar con Teherán”. Les tuve que entregar las llaves de mi moto y la documentación y con una funcionaria, previo pago de un taxi (friend), buscar un hotel para seguir resolviendo papeles al día siguiente.

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránComiendo con funcionarios iranies.

Tres días en una silla

No sabían que solución darme porque no podían impedirme la entrada al país, pero estaban muy reacios con la moto. En Irán las cosas son así, un día hay una norma, la semana que viene otra. Es un cambio constante y ni ellos mismos saben a qué atenerse.

Cada vez que venía un hombre que al final resultó ser el jefazo, cosa fácil de intuir al ir rodeado de un séquito que hasta le limpiaba el polvo de los zapatos, yo intentaba hablar con él y siempre había un funcionario que me mandaba para aquella silla toda rota a sentarme.

Tres días dan para mucho, así que terminé haciéndome amiga de los funcionarios. Comía con ellos y al final dormía en casa de una de ellas. Siempre me acercaban comida, agua y me dejaban su wifi.

Necesito un camión como en la canción de Loquillo

Eso pensé al tercer día, la cosa no avanzaba y yo no estaba dispuesta a volverme y ellos me decían que la moto no pasaba que “Teherán dijo que no”. Solicité un T.I.R y como buenos iranís, me dieron su famosa contestación “no posible”. Pero, “si posible”, un tránsito de mercancías se puede gestionar aquí y en China. Y a eso me dediqué, a buscar un traductor y rellenar un montón de papeles, tras lo cual tocaba buscar transportista con ayuda de los funcionario de allí, que en aquel momento ya éramos como de familia, y todos se desvivían por ayudarme.

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránEn la frontera iraní.

Ningún transportista aceptaba el porte. Las estrictas normas iraníes me impedían ir delante. Tendrás que coger un avión hasta Bandar Abbas, me decían, donde esta el puerto al sur del país.

¿Cómo voy a dejar a Lusi en aquel contenedor sola?. No estaba dispuesta, fue también la apreciación de Hassan, un hombre de 53 años al que un mes antes habían condenado a un mes de cárcel y ochenta latigazos por encontrarle una cerveza.

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránCon Hassan, mi transportista.

Desde que llegó Hassan, hasta que nos fuimos pasaron horas y más horas. Papeles por aquí, salvoconducto para Hassan por si nos paraban firmado por medio Irán... y tuvimos que cargar la moto en una frontera destartalada en mitad de la nada y sin una rampa. 

Ya estábamos saliendo… Pero, vivimos otra hora más de espera porque ahora faltaba el sello de no sé que otro funcionario...

Una locura y una odisea. Podría escribir unos cuantos capítulos de lo que por aquella frontera pasaba. Ya con Hassan, nos vamos a casa de su familia con la que comí, para coger ropa y organizar los tres días de viaje que teníamos por delante para atravesar el país.

ver galeríaElsi Rider vive la experiencia de visitar, como en 2016, IránComiendo con la familia de Hassan.

Fueron tres días intensos como veréis en el siguiente episodio, durmiendo en el camión y sin podernos ni duchar ni cambiar de ropa porque con las prisas de salir de aquella frontera en el contenedor había precientado la moto y toda la ropa.