Arabia en moto con Akitil (2º parte): Convivir con la guerra

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Me quedan muchos kilómetros por delante y conduciendo entre las fronteras de Turquía, Siria, Irán e Irak, me doy cuenta de la aparente tranquilidad que reina en un lado, mientras en el otro se esfuman vidas humanas.

La noche que dormí en Akcakale

Podréis comprobar, mapa en mano, que hay unos seis kilómetros desde Akcakale, en Turquía, hasta Siria. Allí hay levantado un campo de refugiados sirios, uno de los muchos dispersos por todo el sur de Turquía. Hace frío, llueve y bajo los tejados azules familias enteras intentan sobrevivir.ver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaLugar donde pasaría la primera noche

Tejados azules que son plásticos que colocan encima de las tiendas de campaña dispersas por aquí y por allá. Te das cuenta en primera persona, que la condición de refugiados se ha cambiado por la de “vagabundos” huyendo de una guerra.

Había montado mi tienda de campaña en un lugar cubierto. Olía y sentía la humedad, pero el cansancio acumulado terminó por vencer y cuando estaba medio adormecida, un ruido como de “petardos” me despertó. Asomada a la especie de puerta donde estaba un turco sentado tomando su famoso té, al verme y preguntar qué pasaba, me dijo “Pum, pum, pum, sirios”. Con un gesto de brazos que indicaba que aquello no iba con ellos continúo removiendo su té.

Reconozco que es de esos momentos en los que se te congela el corazón y eres verdaderamente consciente de que, tras aquellos disparos, vidas humanas desaparecían sin ninguna importancia para los acostumbrados turcos que viven cerca de la frontera.

ver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaNiños del campo de refugiados de Akcakale

En aquel campo conocí a gente siria, e incluso cené con una familia. Sus caras tristes no apagaban la sonrisa de los niños. Todos querían subirse en la moto, todos querían tocar mi casco. Resulta insultante ver como ya han dado por normal su forma de vida bajo esos tejados azules. No se quejan, no dicen nada a pesar de las pésimas condiciones en las que viven porque ellos se consideran afortunados por estar fuera de la guerra.ver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaCenando con una familia de refugiados sirios

Hubiese sacado miles de fotos, pero no quería romper los momentos ni tampoco robarles la poca dignidad que les quedaba por llevarme unas cuantas imágenes. Son situaciones que deberíamos de vivir al menos una vez en la vida de cerca, para no hablar a la ligera de la guerra, de los sirios, de esos “que están tan lejos de nosotros”, pero que son como nosotros, ¡Personas con ganas de paz!

ver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaBarrizal durante 298 kms

Continuo la ruta hacia Irán, próxima frontera que tengo que atravesar con la incertidumbre que se había generado sobre si las motos de más de 250cc podrían o no circular. En el año 2016 había recorrido el país persa sin mayores problemas.

Carretera cortada, camino de locura y territorio de terroristas

La carretera ahora aparece cortada por tanques militares que me impiden el paso por la principal carretera. Con el GPS en mano, veo que hay unas pistas de montaña por las que para mi poca suerte terminé metida. Fueron 298 kms por un barrizal impresionante del que me costó más de 7 horas salir.

Un selfie en un barrizalver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaFotos con todos (grupo de iraquíes)

Atravesaba poblaciones donde salían todos a gritarme para que parase. En un momento dado y en mitad de la nada, dos caminos llenos de barro, uno al final terminaba en una enorme alambrada y el otro era un barrizal que me llegaba literalmente a la rodilla y allí estaba yo, diciéndome a mi misma “¡pero por dónde puñetas paso!”.

Y de repente y de la nada, un chico que resultó ser irakí, apareció con un coche y me dice “selfie, selfie”. La situación era cómica… Yo de barro hasta las orejas y el otro pidiéndome una foto. Comenzó a hacer llamadas de teléfono y empezó a aparecer gente, lo que al principio me inquietó un poco, la verdad., Pero la aparición de un hombre de avanzada edad por alguna razón me tranquilizó, así que estuve cerca de una hora sacándome fotos en la moto con ellos, cada uno con la moto, todos con la moto, de la moto sola.... Me indicaron una pista en mejores condiciones que enlazaría con otra población y aunque tuviese que dar un poco de rodeo, mereció la pena por quitarme aquel barro de encima.ver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaPuerto de montaña entre fronteras

El puerto y los puestos militares

Comienzo a subir un puerto con frío entre niebla, lluvia, granizo, que terminó en nieve. Era una peligrosa carretera en zigzag donde cada poco había un control militar. En cada uno tenías que quitarte el casco, enseñar los papeles de la moto, los de una, abrir las maletas y por ello cada vez estaba más y más calada de agua.

ver galeríaElsi Rider en Arabia, en la atmósfera de la guerra de Turquía y SíriaElsi Rider en Arabia (2ºparte)

Me iban sacando fotos en cada uno de los controles que enviaban al siguiente control, todos ellos por una carretera llena de muros y alambradas; estaba rodando entre las fronteras de Turquía e Irak.

Creo que pase una veintena de controles militares y fue en el último cuando uno de los militares que hablaba un poco de inglés me hizo ir hasta la garita. Señaló un fusil que cogió y después sacó su móvil donde me enseñó fotos de terroristas que había abatido él, allí mismo en la garita donde estábamos hablando, con un tiro en la cabeza. ¡Estas en zona de terroristas!, y señala a todas las cuevas que hay alrededor de nosotros.

Fue uno de esos momentos en los que cierto miedo se apodera de ti. Normalmente no conduzco por la noche, pero aquel día lo hice sin parar hasta llevar a Yüksekova cerca de la frontera iraní, saliendo así de la boca del lobo.

Luego ya por la noche, mapa en mano, me di cuenta de la suerte que tuve por caer siempre en controles militares turcos y no del Daes. Pero el viaje continuó y no sin problemas, como veréis en el episodio siguiente donde pasé, para empezar, tres días en la frontera iraní.