A la India en moto (2ºparte): en medio de mi sueño

Miguel A. Fernández

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Irán desconocido y sorprendentever galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoDelante del Golfo Pérsico, agradeciéndole a "Lusi" los servicios prestados

Tras mi primera noche en Irán, me levanto de la cama de mi hotel en Urmía con las cervicales tocadas. El GPS no coge satélites y me encuentro perdida, así que aparco mi moto y despliego mapa. Poco a poco se va acercando gente y todos sacan sus móviles para hacerse fotos conmigo. Después, eso sí, me indican cómo pueden, que había que dar la vuelta para encontrar la salida hacia Isfahan.

Entro en una carretera secundaria y veo bonitas casas de adobe, camellos pastando, gente que me saluda con la mano... Poco a poco voy haciendo kilómetros y de repente me siento tan feliz que lloro de emoción... Se me quitó rápido la tontería atravesando Tabriz, porque conducen muy mal. Nadie respeta nada, el primero que llega pasa y punto, es el “tráfico loco de Irán”.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoCirculando por Urmía

Todo el mundo quiere una foto conmigo, e incluso circulando me adelantan y se ponen a mi lado con la cámara y yo pensando “que no venga nadie de frente...”, pero correspondo al saludo. La gente es muy amable, todo el mundo te dice el famoso “Welcome to Irán” y nunca te sientes sola porque siempre hay alguien que te va a ayudar.

Abyaned

Me dirijo a Abyaned, un pintoresco pueblo de adobe con casas que están restaurando para atraer al turismo y egoístamente pienso que si algún día se masifica, perderá este encanto que ahora tiene.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoAbyaned es un pintoresco pueblo con casas de barro

En este pueblo, uno de los más típicos del país persa con una amplia historia detrás, las mujeres se ponen velos con flores de colores por tradición. La carretera que te lleva a él, está salpicada por instalaciones militares con misiles que vigilan las instalaciones nucleares, y cuando me paré para sacarme una foto delante de la señal de Abyaned, apareció un coche policial que me pidió el pasaporte y prohibió hacer fotos. Ante mi insistencia al decirle que sólo quería una con la señal, finalmente accedió, eso sí, requirió mi cámara para asegurarse de que no había fotografiado las instalaciones militares...

Qazvín

La noche aquí en Irán cae rápido y se me ha hecho muy tarde, así que decido quedarme en Qazvín, ciudad de la que no había escuchado hablar y al final resultaría una agradable pérdida. Esta ciudad fue antigua capital del Imperio Persa y hoy es conocida como la capital de la caligrafía iraní por tener verdaderas obras de arte de “caligrafía árabe” en muchos azulejos de la ciudad.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoQazvín, antigua capital del Imperio Persa

Por la noche en el hotel, conocí a una pareja de Teherán, con los que tuve una entretenida tertulia. Me enseñaron fotos de las fiestas privadas, donde ellas van con bonitos y sexys vestidos y con el pelo largo suelto.

Perdida en mitad de Teherán camino a Isfahan

Estoy perdida en mitad de Teherán, ciudad de más de ocho millones de  habitantes. El GPS de nuevo no coge satélites, así que me paro detrás de un señor mayor con su furgoneta averiada; no habla inglés, solo farsi. Al rato, un chico se bajó del coche y me preguntó si podía ayudarme; le indico que estoy perdida y que quiero ir a Isfahan: ¡me sacó él de la ciudad!, una vez más, esa generosa amabilidad de la gente del país me resolvió la situación.

Mi llegada a Isfahan se produce de noche, muy tarde, e intentó buscar el hotel que me han indicado. El tráfico, como todas las ciudades de este país es matador. Pregunto a un chico y tras intentar comunicarnos, llamó a su hermano por teléfono y me guiaron hasta el hotel. Si alguna vez venís a Irán, no os parezca esto raro, los iraníes siempre están dispuestos a ayudar a un turista; creo que son conscientes de la importancia de recibirnos en su país y harán todo lo posible para que te sientas bien.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoBarrio cristiano de Isfahan

Llego al hotel… de repente, como siempre que aparco, una multitud se apelotona alrededor de mi moto, todos quieren foto, tocarla, mirarla y preguntar… Pero esta vez, la multitud era excesiva…y me dio mal rollo, así que me la llevé a un parking que me indicó la recepcionista, que sabía algunas palabras en español que aprovechó para decirme una a una. 

La ciudad es grande, y el parking está a unos cuatro kilómetros callejeando, así que la recepcionista me indica que vendrá conmigo, subiéndose de paquete de un salto, orgullosa y contenta de que fuese una mujer la que la estaba llevando; aunque suene simple contado aquí, hay que vivirlo, en un país donde las mujeres no pueden conducir motos pero con deseos de que esto cambié algún día.

Mi estancia en Isfahan fue una maravilla ¡preciosa ciudad!, la Plaza Naghsh-e  Jahan, Madraza de Shah, o la Mezquita del Imán por ejemplo, son muchas de las cosas que ofrece esta bonita ciudad.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoPlaza Nagshsh-e Jahan en Isfahan

Me quedé un par de días, pues tiene muchas cosas que visitar, entre ellas un barrio cristiano, ¡interesante esto!, que alberga un museo donde se pueden ver las terribles imágenes, libros y restos del genocidio armenio. Salgo caminando tranquilamente en dirección al centro, es una ciudad como cualquier ciudad europea, eso sí, con un tráfico loco, atravesar como peatón una calle en Irán es “deporte de riesgo y el arte de esquivar”.

En una de las calles presencié una vez más un accidente de tráfico de los muchos que hay a diario en el país, esta vez es algo más serio, porque hay un bebé que ha salido literalmente volando; ha sido la única vez que he visto que alguien alzaba el puño para dar un puñetazo ¡era el padre!. Me acerqué para dejarles mi botella de agua, la madre estaba en un gran estado de ansiedad; Irán es uno de los países con la tasa de siniestralidad por accidentes de tráfico más alta.

ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoEn Irán se conduce muy mal, los accidentes son continuos

Continúo por un bonito paseo ajardinado donde las parejas están tumbadas en el césped, un puente enorme con muchos arcos y dos plantas aparece delante de mí, es el puente Khaju construido en el siglo XVII.

Llego a la plaza de Naghsh-i Jahan, conocida también como la del Imán Jomeini, una de las más bonitas del país, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y compuesta por históricos edificios como la Mezquita del Imán Jomeini, la del Jeque Lotf Allah, la Gran Mezquita de Isfahan, el Palacio Ali Qapu o el Chehel Sotún, de increíble belleza y espectacularidad arquitectónica. Allí vi a familias haciendo picnic, a jóvenes reunidos en corro y charlando tranquilamente, a parejas acostadas hablando. Me senté y admiré toda esa maravilla. Se acercaron a mi dos mujeres con un niño y como siempre, me preguntaron de donde era, comenzamos a charlar y me explicaron cosas de esa plaza y sobre todo del Gran Bazar, formado por una sucesión de galerías cubiertas con cúpulas redondeadas que merece la pena visitar. Esa misma noche, localizo un lugar donde comprar líquido refrigerante y aceite porque la moto me ha dado algún problema de temperatura.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoComprando aceite y líquido refrigerante para "Lusi"

Hacia Persépolis

Por  caminos de tierra y arena voy hacia Persépolis, Patrimonio Mundial de la UNESCO, ciudad fundada en el año 512 a. c.  y destruida por Alejandro Magno en 330 a.c.

De camino, paré en uno de esos lugares típicos para beber té donde hay una enorme tetera a la puerta, aparece una familia que quiere fotografiarse conmigo y con la moto; el abuelo, intentaba contarme un montón de cosas que lamentablemente no lograba entender y me apenó, porque por su cara creo que eran realmente interesantes, así que, nos tomamos juntos el té mientras miraba aquellos ojos marchitos llenos de anécdotas y experiencias que da la vida.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoCon esta familia estuve tomándome un té... tras la foto de rigor, por supuesto

Mi camino continúa entre pistas, esta vez de arena, en “solitaria compañía” con Lusi, a la que hablo y que ha cobrado vida propia. Estoy entrando en una especie de camino con algunas casas al fondo y veo a un anciano que me da el alto, me habla en farsi y entiendo poco, le pido una foto y “majestuosamente”, tira al suelo una especie de pala que tenía en la mano, se pone firme, y posa para mí, le doy las gracias en persa ¡MERSI!, me coge la mano y me la besa, pone su mano en el pecho y se aparta de mí para dejarme marchar. 

Llego a Persépolis, tantas veces leído y visto en reportajes, y aquí estoy, visitando estas ruinas que contienen tanta historia. Ese día, decidí quedarme allí admirando como caía el sol entre tanta belleza. Cuando arranqué mi moto para irme, sentí una emoción intensa, pensando lo lejos que una puede llegar subida en dos ruedas y cargada de mucha ilusión, y es que, estaba en medio de mi sueño.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoTras pedirle una foto, este anciano tiró la pala que manejaba y posó para mi

Como ya he comentado, los satélites no se captan bien por estas tierras, y paro en una especie de acuartelamiento a preguntar, se acercaron policías y militares para charlar conmigo y después, sacarme un plano para indicarme por donde tenía que ir, y es que no quería carretera convencional, quería ir por la montaña y entre el desierto, que por extraño que suene, aquí hay una combinación de ambos de extraordinaria belleza.

Me quedo sin combustible en una carretera a la que consigo acceder, al rato, se acercó una familia que no solamente fue a buscarme gasolina sino que ni siquiera me la quiso cobrar; me ofrecieron té y comida, y charlamos sobre su país y sobre el mío. En un papel puso su teléfono y dirección por si tenía algún problema o simplemente quería pasar unos días en su casa y es que la gente iraní es así, hospitalaria, sin más; al principio desconfiaba de segundas intenciones, pero no las hay, si acaso, la curiosidad de charlar con alguien de fuera.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoPersépolis, ciudad fundada en el 512 a.c. y Patrimonio Mundial de la UNESCO

Shiraz, ciudad de contrastes

Mi próximo destino es Shiraz, ciudad de contrastes, de modernidad y tradición, con una especie de “revolución” que observé entre la gente joven; ellas con prendas cada vez más ceñidas y el velo cada vez dejando ver más pelo, ellos con peinados y ropa muy moderna rompiendo con ese tradicionalismo instaurado después de la revolución.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoTodo el staff del hotel bajó a recibirme

En el centro de la ciudad están todas las calles cortadas, se preparan para el desfile del Muharram por la noche. Unos policías que había por allí intentan dar cierta fluidez, al pararme a su lado enseguida me indican y salgo del centro para alojarme en un hotel de lujo por 60 €, si 60, y es que Irán te permite este tipo de cosas. Mi entrada fue “triunfal” y bajaron todos los directivos a recibirme y hacerse fotos conmigo, era excepcional una moto de estas características, me dijeron, pero más excepcional es que "sea usted una mujer" recalcaron.

En mis paseos por Shiraz, camino entre sus comercios y en medio de la preparación de la comida para la festividad del Muharram, que la hacen los hombres, veo que es toda una celebración que se vive en la calle.

Shiraz, es una ciudad especial, la ciudad de los poetas dicen, repleta de cultura, bonitos edificios y espectaculares jardines. Paradójicamente, en un país donde está prohibido el alcohol, esta ciudad es famosa por sus vinos.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoPreguntando a la policía en el centro de Shiraz

Y ahora... al Golfo Pérsico

No entraba dentro de mis planes, pero a poco menos de 400 kilómetros estaba Bushehr... Desde Shiraz, salgo por una antigua carretera que me lleva a un camino de tierra hasta llegar a una reserva natural. Es una reserva con muchas montañas y túneles y con una carretera con el asfalto rayado cuando hay curvas peligrosas, pero ¡paralelo a la carretera! y teniendo en cuenta el grosor de unos 10 centímetros de profundidad de estas hileras en el castigado asfalto que brilla como un cristal, los coches frenan, pero las motos se van directamente al suelo, así que normalmente cogen caminos alternativos, pero de esto, me enteré después. 

Mi llegada a Bushehr, fue por lo tanto al extremo del agotamiento y por primera vez supe lo que era el olor a petróleo, toda esa zona huele así. Con mi moto, rodé por su paseo admirando el Golfo Pérsico e imaginando toda aquella agua “ardiendo” que tantas veces vi por televisión.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoCamino del Golfo Pérsico

Bushehr me agobió. Los hoteles dan una comisión a las personas que lleven turistas y aunque a estas alturas ya estaba acostumbrada, aquí fue atosigante, llegando a ponerme contra una esquina para llevarme una y otra vez, así que ya cayendo el sol, decidí irme y buscar otro lugar donde dormir. Irán, no es como Europa. No hay muchos hoteles y menos en ruta, así que ya de noche, pienso, vamos a buscar sitio para acampar. En ello andaba cuando vi un hotel, de los peores sitios donde he estado, curiosamente con una estupenda  y moderna fachada, pero con un interior del Irán más profundo, allí pasé la noche.

Aquí tuve un problema con la policía. Llegué a un control policial y delante de mí, vi como a un señor mayor le quitan las llaves en marcha y le gritan para que aparque la moto. Yo reacciono rápido y pienso que antes de que me quiten las llaves así, paro y las quito yo…el policía me grita para que aparque también la moto. ¿Cuál es el problema, pregunto?, “soy turista”, veo a un militar que viene corriendo, me piden el pasaporte y se lo llevan indicándome que lleve la moto por un camino a comisaría. Durante más de una hora estuve allí, preguntando cual era el problema, y finalmente me devolvieron el pasaporte y me dejaron seguir, no así al anciano.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoEn el Golfo Pérsico el olor a petroleo es intenso

Supongo que el motivo es que las motos no pueden circular por algunas carreteras; lo que sí puedo decir, es que en ningún momento sentí miedo, cuando llegas a Irán enseguida intuyes la “protección al turista” y sabes que nada te puede pasar; supongo que para los habitantes esto será diferente, pero en calidad de turista, puedes relajarte con las autoridades.

Hacia el desierto de Yazd

La noche empezaba a caer y había un pueblo donde estaba el segundo árbol más antiguo del mundo. Eso había leído, tenía 4000 – 4500 años y estaba vivo, un ciprés de 25 metros. Se encontraba en Abarkuh, un pueblo cerca del desierto de Yazd, pero más que el árbol en sí, me sorprendió el pueblo, de adobe, donde descubrí la casa de hielo, edificación en forma de cono donde se conserva el hielo durante muchos meses. Aunque este fuera el más conocido, resultó que había más conos similares repartidos por toda la zona, ¡excepcionales!.

La entrada a Arbakuh es por un camino lleno de basura, uno de los grandes problemas de Irán, y para hacer algunas fotos, tuve que tirarme un buen rato retirando plásticos. Curiosamente esa noche conocí a una iraní que vivía en Francia y había grabado un documental sobre este tema. Me contó, que un día vio a un agricultor labrar la tierra y que levantaba plásticos, lo que la empujó a denunciarlo en un documental.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoEn Arbakuh se encuentra este ciprés que tiene alrededor de 4500 años

En Arbakuh no hay hoteles, es un pueblo del desierto, así que ¡perfecto!, porque quería dormir en el desierto; lo que no sabía es que lo haría en una antigua y típica casa, meticulosamente restaurada. Mi llegada en una moto grande causó expectación, pero cuando me quité el casco, las mujeres corrieron hacia el interior para decir que “era una chica la que conducía la moto”…  Me instalé en una habitación de adobe con el colchón en el suelo, me ofrecieron algo para beber y dije que un zumo. El hombre cogió una granada del árbol, hizo un agujero, puso una pajita y me la ofreció, pero yo tenía mucha sed, así que pedí agua… Al momento, me había exprimido aquella granada para mí y sentada en una mesa del jardín que tenía este paradisíaco lugar, vi como encendían un fuego para la cena de la noche. 

Tuve mucha suerte, porque la mujer iraní afincada en Francia, viajaba con su hermana también iraní para ayudar a restaurar edificios catalogados y convertirlos en hoteles turísticos. Me explicó, que ahora el gobierno empezaba a concienciarse de la importancia de atraer nuevamente al turismo. Ella quería ayudar y cuando le pregunté el por qué, me respondió sin dudar: “porque cuando yo emigré, mucha gente me ayudó a mí y ahora quiero ayudar a que mi país vuelva a ser mejor”. Tuve el privilegio de visitar con ellas edificios privados del gobierno, e incluso me preguntaron por mi opinión en una reunión con los funcionarios que se dedicaban a esto; por cierto, mi opinión fue que “tenían un problema que solucionar con la basura”.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoEsta Iraní residente en Francia está ayudando a rehabilitar edificios para convertirlos en hoteles

Cuando nos íbamos para reunirnos con las autoridades locales, vi como se vestían de una forma muy solemne y tradicional con largos velos, así que les pregunté si no las molestaría porque no tenía más ropa que la que me veían puesta. Su respuesta fue tajante. “¡No!, tienen que empezar a acostumbrarse a ver a gente así vestida”. Mi sensación, una vez más, fue de esa pequeña revolución silenciosa que hay en Irán por avanzar y aparcar la tradición, que muchas veces reprime.

ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoPor las calles subterráneas de Yazd

Había descubierto un pueblo de Yazd, al que volveré algún día, con calles de adobe y casas de hielo, caminos de tierra y arena, gente amable, y un árbol de casi 5.000 años de vida. La gente se apelotonó en la puerta para despedirme, se hacían fotos conmigo, me deseaban buen viaje y las mujeres me aplaudían, creo que de alguna forma aquellos días por Irán me convertí en un referente para muchas mujeres sobre lo que necesitan volver a recuperar.

Entre dunas, hacia el oasis del desierto de Yazd

Por espectaculares pistas y carreteras sinuosas me acercó a Yazd, la ciudad Oasis del Desierto, ciudad que si se ve desde un plano aéreo parece ser una sola unidad porque está llena de túneles que conectan unas calles con otras para protegerse del sol. La verdad, es que buscan soluciones ingeniosas para las altas temperaturas, como los regueros de agua por toda la ciudad para refrescarla.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoEn el caravasar de Yazd donde me alojé

Mi llegada al hotel fue singular. Tenía que acceder por estos túneles con la moto, saturados de circulación y gente. En un momento dado, cuando venían coches de frente y mi moto con las anchas maletas no podía pasar, ni corta ni perezosa, me baje y como un agente de tráfico puse la mano en posición de STOP ante la incrédula mirada de los conductores. Tranquilamente la fui moviendo hasta “incrustarla en una esquina” y hacer hueco para que pudieran pasar los turismos.

Me alojé en un caravasar, antiguos edificios en las principales rutas comerciales para que las caravanas que hacían largos viajes, se repusieran del camino. Mi habitación, vieja y nada limpia, tenía no obstante, algo espectacular: al abrir la puerta daba de lleno al patio interior de estos edificios con una gran fuente iluminada y esas mesas que también sirven de camas alrededor del patio.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoEn Yazd pude ver una de las procesiones más importantes del Muharram

En esta ciudad viví las procesiones más importantes del Muharram, de donde fui echada de una, delante de todo el mundo y casi a gritos por la policía secreta. En cierta forma, es cierto, que no iba vestida como el resto de mujeres (mujeres a un lado y hombres a otro), no llevaba esas largas capas con velos largos negros y cuando la prensa se acercó a mí para fotografiarme y hablar conmigo, llegó la policía…No entendí muy bien lo que me decía en farsi, pero lo intuí, así que en perfecto español le dije: “no te estoy entendiendo, supongo que quieres que me vaya, no te preocupes, que lo hago”, y me fui. Aunque me dio pena, porque era el momento en el que me estaba sintiendo integrada en medio de todas las mujeres. Me habían dado bebida de la que se reparte en la celebración y me habían hecho sitio para sentarme junto a ellas y a pesar de que si es cierto que note algunas caras que me miraron con desprecio, otras muchas me miraban como símbolo de liberación y me hacían sitio a su lado: es el gran contraste de Irán, hombres vestidos de forma moderna y mujeres cubiertas hasta los pies. 

El velo, a la mayoría de las iraníes les “pesa” demasiado. Entre ellas se avisan cuando a alguna se le cae e incluso a mí, en una ocasión me advirtieron con cara de susto, miedo y pena, sobre la caída del mio caminando sin darme cuenta de ello. Pero, no estaba allí para juzgar nada. Solo era mera observadora y viajaba con el alma abierta, no para enseñar sino para aprender.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoCuando mejor estaba, vino la policía y me echó

Al lado de mi caravasar había una mezquita de barrio y me decidí a entrar en ella. Quería ver y sentir de primera mano lo que había dentro. En el interior reparten la típica bebida del país, “el té”, con una especie de tostada de pan que también me acercaron. Vi gente orar con vocación, no con fanatismo, llorar, pero al igual que los cristianos en las iglesias. Los acontecimientos, supongo que han hecho que nuestra visión haya cambiado y pensemos que todo lo relacionado con las mezquitas es fanatismo, pero, lo que en aquella me encontré, fue espiritualidad y fe.

Al final de la oración, muchas mujeres se acercaron a mí con la mano en el pecho para saludarme y una anciana me tocaba y acariciaba la cara. Los hombres, asentían con la cabeza como símbolo de agradecimiento, creo que les había gustado que compartiera con ellos una celebración desde el respeto y con la mano también en el pecho les saludé en farsi ¡SALAM!.

Mis días en Yazd fueron muy bonitos, paseos y charlas que se convertían en cotidianas por Irán. Mezquitas iluminadas de colores por las noches, las famosas llamadas a la oración por las calles, todo formaba parte de un escenario bonito, diferente a lo que conocemos. Si me perdía en alguna de sus muchas callejuelas, siempre había alguien que te acompañaba al hotel, como una pareja de novios, él de Teherán y ella de Isfahan coqueteando con cuál de las dos era la ciudad más bonita, pero sin agarrarse de las manos ni darse gestos de cariño, que en Irán está prohibido.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoVista nocturna de Yazd

Mi viaje por Irán está concluyendo y me doy cuenta de ello ante la maravillosa vista que tengo delante de mí. Es la majestuosa Mezquita de Yazd, donde había gente orando en el patio y un hombre me acercó una limonada a la esquina donde estaba sentada observando todo aquello.

De camino a Teherán - Meybod

Tenía que volver a Teherán para coger el avión que me llevaría a Delhi, en India, pero antes, tenía que parar en otro de los más antiguos pueblos de Irán, otro pueblo de adobe y arena en el desierto, Meybod. Caminar por sus calles es sencillamente grandioso, con castillos hechos de arena tallada, túneles por los que circulas, gente amable, artesanos que tejen pañuelos a mano, calles de oro por el color del arena, definitivamente Meybod es otra de las joyas de Irán. 

En la mezquita principal, totalmente cubierta con pedrería y cristales, había una niña correteando que al verme entrar vestida de una forma tan extraña y con el casco en la mano, me miro fijamente sin entender "de qué planeta había venido". Después todo fue juego entra ella y yo.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoCallejeando por Meybod

Una vez más, me dieron una limonada que repartían en la oración y sentada ante aquella maravilla que empezaba a iluminarse, volví a sentir pena por abandonar el país. Un lugar al que volveré para conocer más lugares, porque merece la pena, especialmente su gente.

En ruta para Teherán, encontré un pastor de camellos. Paré la moto al lado y me puse a sacar fotos. Él se acercó a mí y le pedí permiso para fotografiarme a su lado. Todo iba bien hasta que empezó a decir insistentemente “sex, sex, sex”…  entonces pensé que era “un buen momento para recoger e irme”, así que rápidamente cogí mi cámara y mi trípode y él se puso de pie, repitiendo una y otra vez “sex, sex, sex”. Arranqué mi moto, puse primera y el tío “me tocó un pecho”,  frené y le miré, comenzó a gritar en farsi y a levantar un palo que tenía, así que ….puse literalmente “pies en polvorosa”….. ¡caramba con el pastor y la madre que le trajo!.ver galeríaA la India en moto(2ºparte): en mi sueñoTodo iba bien con este pastor, hasta que después de la foto se puso a pedirme insistentemente "sex, sex, sex". Tuve que salir por "patas"

Mi llegada a Teherán se produce por la noche, atravesando la saturada ciudad ahogada entre el tráfico y la contaminación. No me gusta, es una mole de cemento, pero paseo por ella y por su Gran Bazar y hablo con la gente, supongo que aquí como todas las grandes ciudades, todo es más impersonal.

Como he comentado anteriormente, problemas de peligrosidad y de visados me impiden atravesar Pakistán en moto, así que mi alternativa era volar a Delhi y alquilar una moto allí.

Texto y fotos: Elsi Rider

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