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Suzuki Van Van 125

Suzuki Van Van 125: Chiquita y matona

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Nada menos que casi cuarenta años contemplan este "experimento" de Suzuki. La Van Van, en contra de lo que pueda parecer por el largo tiempo en escena, no fue un producto que comenzara convenciendo al gran público e, incluso, llegó a desaparecer durante una época debido a su irregular aceptación. Puede que precisamente aquel rechazo inicial, debido a un concepto demasiado avanzado para su tiempo, haya sido el factor que, con los pertinentes retoques para adaptarlo al paso del tiempo y las distintas legislaciones, le han podido mantener en la brecha todavía hoy en día.
La versión que conocemos en la actualidad parte de su reaparición en 2003. Y desde entonces tampoco ha cambiado apenas: sólo retoques puntuales en colores y decoración, con la excepción de la inyección electrónica, que se introdujo en la serie de 2007. Y como se puede apreciar, la Van Van rebosa simpatía y dinamismo por todos los lados.
Pero, ojo, que en esta moto nada es lo que parece. No te fíes de sus dimensiones: será pequeña de hechuras, pero con un geniecillo sorprendente dentro y una robustez más que notable fuera, que sólo te lo puedes creer conduciéndola por ti mismo. Aunque las exuberantes ruedas y su estilo off road "setentón" pretendan que estamos ante una trail, en realidad su hábitat principal va a ser el bosque de calles de cualquier ciudad. Será ahí donde sus cualidades principales, fiabilidad, ligereza y dimensiones, la conviertan en una depredadora insaciable de asfalto, más que de caminos rurales. Eso sí, la ventaja es que puedes manejarte indistintamente por ambos mundos... y casi por donde quiera que se te pueda ocurrir que una moto puede pasar.


PVP:
SUZUKI Van Van 125 3.559 €


Acción: Carlos de la Cuadra

Puesto de conducción

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Uno de los factores que hacen de esta pequeña moto un utilitario ante todo divertido, es lo fácilmente manejable que es. Sus dimensiones recogidas y su baja altura del sillín al suelo, hacen que te sientas dueño y señor de la situación a bordo. Y eso es una gozada. Lo mejor que te puede ocurrir sobre una moto es tener esa situación de control tan palpable. La equipación tan sumamente espartana de que dispone -el cuadro de instrumentos se reduce a un solitario reloj velocímetro y tres testigos-, el efecto de que el sillín invade el depósito haciéndolo parecer más pequeño de lo que ya es, y las voluminosas ruedas, todavía aumenta más la sensación de que, más que una moto, pilotas un encantador juguetillo. El asiento también sorprende, porque resulta muy mullido y confortable, a lo que se suma la derecha postura de conducción, gracias a la favorable postura del manillar. Los mandos están bien situados y son de buen tacto. La única pega es que, como también está pensada para el uso off road, las estriberas están un pelín altas y a veces te molestan en las pantorrillas al sacar las piernas y moverlas. Si quieres llevar algo contigo, tienes que remitirte a su parrilla portabultos trasera, compartimento algo escaso para tratarse de una moto fundamentalmente utilitaria.

Mecánica

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Un sencillo, pero sobradamente fiable, motor monocilíndrico de 4T, con culata OHC de 2 válvulas es el encargado de dar vida a la alegre Van Van. Los 12 CV declarados están óptimamente aprovechados, ya que Suzuki ha dispuesto para este modelo una caja de cambio con seis velocidades. Con este abanico de posibilidades de marcha, se dispone de buena aceleración en ciudad y de una muy meritoria velocidad en carretera -muy próxima a los 100 km/h-, para tratarse de un propulsor refrigerado por aire y que tiene que mover unas aparatosas ruedas anchas de tacos como las que lleva. Es para destacar su poderosa primera, que en campo se "cepilla" cualquier desnivel a que le pongas a prueba. El motor apenas transmite vibraciones.

Comportamiento

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Rodeado de tanta sencillez, parece que te falta algo, pero cuando la pones en circulación urbana, vas sobrado de casi todo en la Van Van. Serpentea entre coches de maravilla, absorbe los baches y las zanjas ciudadanas con una entereza y suavidad pasmosa -en ambos trenes-, y sale de los semáforos con brío, gracias a las relaciones cortas de su caja de cambio. Las ruedas gordas sobre asfalto no son problema; al contrario, ayudan a la suspensión en cuanto a confortabilidad de marcha. Cuando vas a detenerte, frena con corrección, pero, fundamentalmente, por obra y gracia del disco delantero de 220 mm, ya que el tambor trasero se queda corto en efectividad. Parece que nos va a costar maniobrar, con esas ruedas agarrándose como posesas al asfalto, pero es todo fachada: la disposición de la dirección y el amplio radio de giro permiten operar con libertad y sin esfuerzos; el manillar también posee una anchura correcta para no golpearte con los retrovisores de los coches y, al mismo tiempo, tener un buen control en uso offroad. Así llegamos a las salidas por campo, donde la Van Van se muestra como una moto ideal para hacer tranquilas excursiones. Tiene sus límites, como toda polivalente tierra-asfalto: los suyos están en una baja luz al suelo, donde nos sorprende la falta de protección de los bajos, que no cuentan ni con la cuna del bastidor -interrumpida- para parar golpes.

A dúo

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El cómodo y ancho asiento, al tener que ser compartido, deja de ser tan confortable para el conductor. Las dimensiones de la moto no dan para muchas alegrías, y al acomodar a un pasajero detrás, nos obliga a adelantar la posición hasta el principio del asiento, adoptando una postura un poco forzada. Eso sí, el pasajero, como un rey: amplitud buena de sillín, se puede bajar y subir fácilmente de la moto, sus pies descansan sobre estriberas también recubiertas de goma y con protecciones para que los pies no se cuelen hacia dentro y rocen con la rueda trasera, y puede ir sujeto a la parrilla trasera multifunción (ejerce en este caso de asidera y también de soporte de intermitentes).

Valoración Final

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En lo que todos estamos de acuerdo es en que la Van Van es una moto distinta. Una utilitaria ciudadana, con pinta de campera, de imagen "retro" y, sobre todo, divertida, tiene que serlo por fuerza. Y encima funciona bien. Y es barata de mantenimiento. Y algo cara de precio, también. Sí, porque para la sencillez de que hace gala, se encuentra un poco "subidita" en este aspecto. Aquí se cotiza, sin duda, la originalidad, lo "fashion" del modelo, un valor que, como en los buenos vinos, es la constancia de años. Allá por donde pares, llama la atención, seguro. Digamos que, pese a sus reconocidas cualidades prácticas, es, en cierto modo, capricho. En la vertiente más funcional, se hace especialmente recomendable para los más jóvenes que comienzan a hacer sus pinitos en las dos ruedas. Es desenfadada y fácil de llevar, dos poderosas razones que son muy tenidas en cuenta por este perfil de clientela. Por otro lado, es la trotona "gamberra" para los más inquietos -que no fogosos-, aprovechando ese buen compromiso tierra-carretera que comentábamos y una robustez a prueba de bombas. En suma, un utilitario de poco espacio, pero mucho encanto.


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