Ruta Costa Brava-Collioure: Por Pirineos

Ruta Costa Brava-Collioure: Por los Pirineos

Paulino Arroyo

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A lomos del viento

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Tras recorrer algo más de 600 km sobre la principal arteria de conexión de España con Europa, la N-II desde Madrid, esta radial alcanza la ciudad de Barcelona, choca literalmente contra el Mediterráneo y se impregna de olor de brea y salitre. 

Las gaviotas testimonian este periplo que inicio convencido desde la ciudad de Barcelona, circulando en sábado por la Diagonal, en un día ventoso que, conociendo las comarcas del norte de la Costa Brava, auguran un día complicado.

Los fuertes vientos, las isobaras muy juntas en los informativos no me desaniman, al contrario. Esas ráfagas de más de 100 km/h que me esperan más al norte, a medida que asciendo por la costa catalana serán viento huracanado, pero lo que más lamento es que las nubes ensombrecen unos paisajes realmente espectaculares, en una época del año en la que el turismo aun está por llegar. 

Encontraré puertos deportivos y otros en los que la pesca sigue siendo el principal motor económico, campings ahora vacíos, las olas del mar rompiendo con fuerza contra las playas, arrasando lo que en unos pocos meses será la principal fuente de ingresos, el turismo en busca del sol. Dentro de unos meses se transformará en apacibles estancias sobre una hamaca de alquiler, bajo una sombrilla de paja o de tela, con la nevera, el bocadillo, con la tortilla de patatas y arena, mucha arena que se hace omnipresente incluso chirriando entre los dientes. Pero afortunadamente he salido a rodar en una Kawasaki 1400GTR, no a broncearme, por uno de los tramos de carretera con más curvas por kilómetro recorrido de toda la Península Ibérica. Y he marcado sobre el mapa un itinerario que llega hasta Portbou e incluso atraviesa el, de momento, abandonado puesto fronterizo con Francia con intención de llegar a la pintoresca población costera de Collioure. Pero inicié este periplo junto al mar con una duda que debía despejar.

Primera incidencia

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No estoy en absoluto en contra de la sofisticación que está llegando a las motocicletas. Al contrario, toda esta aportación hace más segura la conducción y te aporta una información extra de todo tipo que puede ser muy útil. Quedarse hoy sin combustible (con información de kilómetros de autonomía), por poner un ejemplo, e incluso no poder salir de una avería como la que supone pinchar una rueda, en motos como la Kawasaki 1400GTR, resulta casi imposible a poco que tengamos la precaución de observar el cuadro de mandos (con nivel de presión de los neumáticos) y de disponer –y saber utilizar- un reparador de neumáticos Tubeless

Pero ninguna precaución es poca y ante la información en la pantalla TFT del cuadro de mandos de la GTR con la frase “Transponder Low Battery” me acerqué al taller Máquina Motors de la barcelonesa calle Bruc, 127. Allí solventaron mis dudas. No había porqué preocuparse. El sistema de seguridad del arranque presente en la especial llave de este modelo, precisa de una batería interna. Utilicé a partir de entonces la llave auxiliar, pero llevando siempre muy a mano la principal. El supuesto problema quedó solventado y solo regresó ese mensaje a la pantalla cuando el viaje llegaba a su fin, justo el día que debía devolver, a mi pesar, la moto que había conseguido mi objetivo. Y de ese modo podía, además, acceder al interior de las maletas sin retirar la llave del contacto. 

La evasión en moto es una terapia que debería ser una asignatura obligatoria, (junto a la psicodinámica o la psicoanalítica), en la Facultad de Medicina, así que inicio este viaje con esa intención. 

Junto a la vía del tren

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Dejo detrás la industriosa ciudad de Barcelona y también la de Badalona, observando como la visión de la vía del tren será mi compañera durante algunos kilómetros. Esta barrera de acero no le quita encanto a unas playas modeladas por el paso de los años. Ha conseguido mimetizarse con el entorno en un espacio minúsculo pues comparte lugar con complejos deportivos, clubs náuticos, restaurantes y la arena de la playa, paseos marítimos, campings, la N-II, la línea férrea con su aparatosa electrificación, un paso inferior y el agua del Mediterráneo que, en ocasiones, es capaz de inundarlo todo buscando recuperar sus dominios. Cuando esto sucede el precio a pagar es alto, no es este el mejor paisaje, pero desde 1848 circula el tren regularmente entre las poblaciones de Mataró y Barcelona, desde la capital de la comarca del Maresme a la Ciudad Condal, en la que se considera la primera línea para pasajeros de España.Uno de los tramos con más curvas de la Península

El tráfico es intenso, incluso entre semana, pues no son pocos los barceloneses que huyeron, hace años, del agobio de la gran ciudad para instalarse al norte en localidades que atravieso como Mongat, El Masnou, Premià de Mar, Vilassar de Mar... algunas de ellas con su “Alter Ego”, Premià de Dalt y Vilassar de Dalt, algo así como las ficticias Villa Arriba y Villa Abajo del anuncio televisivo. 

Me tomo la licencia de esquivar el núcleo urbano de Mataró por su circunvalación, con límite a 100 km/h y numerosos radares, pero es la alternativa perfecta. Ya he perdido algo de tiempo para intentar cumplir los objetivos del día, aún me queda lo más divertido y no deseo tomarlo con excesivas prisas.

Pesca y barcos de recreo

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Arenys de Mar dispone de un puerto amplio, en el que se produce la perfecta comunión entre barcos de recreo y de pesca, con unas atarazanas de restauración de embarcaciones y los tradicionales puestos de venta de productos para “hacerse a la mar y disfrutar de un día de pesca”, sin olvidar la pesca con caña desde la costa. La 1400GTR no desentona en ese ambiente un tanto bucólico de yates y marineros de fin de semana, pero ir en moto es otra cosa y en ello estamos. También encontramos varios restaurantes de referencia, como se comprende, muy bien surtidos por la lonja local, lo cual es garantía de calidad de los productos que podemos degustar.

Pero sigo fiel a mis principios y aunque mi estómago demanda su ración diaria de proteínas, no deseo detenerme hasta haberme regalado una buena sesión de curvas en las que poner a prueba la Kawasaki. Sigo pues la carretera pasando por las playas de Canet de Mar, Sant Pol de Mar, Calella y Pineda de Mar.La N-II tras alcanzar la costa mediterránea

En este punto la vista del mar, atrae poderosamente mi atención un mirador sobre la playa, justo antes de Calella y me detengo un instante. Pronto la N-II dejará la caprichosa línea de la costa y deseo tomar una clara referencia de este hecho. Hago una foto del Km 666 de la N-II, justo antes de la localidad en la que se celebra el mayor festival de Rock’n’Roll de la península, con amplia presencia internacional. A partir de entonces la N-II se interna por el interior emparejándose con la autopista de peaje AP-7, pasando por La Junquera, y de ahí a la población de El Portús, puesto fronterizo con Francia, paso que me reservo para mi regreso… pues deseo superar el alto de Portbou a pesar del fuerte viento que sé, me espera allí.

Esto va de curvas

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Malgrat de Mar y Blanes pasan como un suspiro y ya estoy en la comarcal GI-682. La cosa se anima y mucho. Llego al Paseo de Agustí Font, el Paseo Marítimo de Lloret de Mar, y descubro lo que ha cambiado la fisonomía de la playa con las últimas y fuertes tormentas. Esto es una constante en toda la costa… y las previsiones es que seguirán, por lo que estoy deseando llegar a la carretera de Lloret de Mar a Tossa de Mar y dejarme llevar por un trazado muy concurrido por motoristas los fines de semana. 

Lo cierto es que no me sorprende encontrar algunos grupos en un mirador, que me sirve de parada momentánea, con los que converso unos instantes. Salgo de allí consciente de las tendencias de quienes vamos en moto y me preparo. Tras algunas curvas que trazo con cierta decisión, a un ritmo ya algo más animado que el que me ha traído hasta allí, me detengo y busco un lugar para hacer una foto y plasmar el paso de los eventuales compañeros de salida. Tras un escaso minuto llegan a mis oídos las inconfundibles notas de sus escapes, las reducciones y fulgurantes subidas de vueltas de sus motores. Libero el obturador de la cámara y ¡clic! cazado… Su saludo, en este caso con el claxon, es sinónimo de complicidad.

Se suceden las curvas hasta Tossa y la Kawasaki me demuestra que, incluso en marchas largas, recupera bien. Es un tetracilíndrico que permite ciertas alegrías, su motor tiene un buen par de casi 14 Kgm a 6.200 rpm, no es un deportivo que entregue los 160 CV todo arriba, más bien al contrario, a 8.800 rpm llega la potencia máxima. Empiezo a animarme y tras Tossa se que me espera Sant Feliu de Guixols, Platja d’Aro, Sant Antoni de Calonge, Palamós, Palafrugell, siempre buscando ese aire limpio que solo la cercanía del mar es capaz de ofrecer. Se que Llafranc está cerca y allí me dirijo por la GIV-6546, una corta autovía acotada por eucaliptus y guardarrailes de madera. Los restaurantes junto a su playa y su puerto me muestran justo la cara menos agradable de salir un sábado por la mañana. Todo lleno, pero viajo solo y una pequeña mesa en un rincón se improvisa sin problemas. De la carta pido lo más resolutivo: arroz negro y atún, postre y un café. El Paseo de Llafranc está en obras y circundado por pinos centenarios que dan una buena sombra. Lamento comunicar que tras mi visita, en las últimas jornadas de tormenta, se que estos han sucumbido por la enorme intensidad del viento. El paseo habrá quedado muy desangelado y espero pueda repoblarse y no se transforme en un paseo al uso, duro, con adoquines o baldosas que tanto proliferan últimamente. 

El Sol inicia su declive

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Begur, Pals… aun queda mucho hasta el lugar en el que deseo hacer noche, que no es otro que la pintoresca población de Port de la Selva por lo que no pierdo el Norte y acelero con determinación ahora sobre la GI-650. Llego a Torroella de Montgrí y bajo, inevitablemente hasta L’Estartit. La lluvia amenaza el final de la primera jornada de viaje, pero esta aun no hace acto de presencia por lo que me dirijo hacia el Museo de la Moto de Vicenç Folgado que se encuentra en L'Escala, pero lo encuentro cerrado y hay que llamar para poder acceder a él. Allí me esperaban más de 100 motocicletas restauradas además de otros muchos objetos de colección, miniaturas, juguetes... Así que busco otro motivo para detenerme. Gastronómicamente las anchoas (anxoves) de l’Escala tiene ganada su buena fama pero, puesto que es sábado, no puedo acceder a las fábricas, que es donde deseo adquirirlas. Tal vez al día siguiente pueda, al menos, degustarlas en otro lugar. 

A pesar de moverme por comarcales, estas son de buen asfalto y elijo ahora la GIV-6216 que me lleva hasta Empúries, lugar en el que se encuentran las ruinas griegas más antiguas de la Península. Hasta la fecha no hay documentación de otras anteriores a las presentes en Ampurias (en catalán Empúries) palabra que procede del griego antiguo y que significa “mercado”, “puerto de comercio” donde se asentaron colonos griegos en el año 575 antes de Cristo. Posteriormente fue ciudad romana y su visita es realmente recomendable. Mi paso por la ciudad de Roses y el Golfo del mismo nombre es obligada, pero lo hago por la GI-620 y me dirijo a Cadaqués. La lluvia arrecia y la sola impresión de que el día se acaba, me alcanza la noche y las nubes no parecen dar tregua, me incita a seguir hacia Port de la Selva, mi destino de primer día. Es una lástima pues la ciudad de Cadaqués es, junto a mi debilidad por Llafranc, una de mis preferidas de toda la Costa Brava. Allí iniciaré en otra ocasión un recorrido que asciende hasta el Principado de Andorra, pero eso será más adelante.

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Mi llegada a Port de la Selva coincide con los últimos rayos de un oscuro atardecer, nuboso y lluvioso que me da mucha información de qué me espera al día siguiente. Busco un lugar en el que pasar la noche y, en estas fechas, invernales aun, solo un establecimiento me ofrece sus servicios, el Hotel Porto Cristo aunque en realidad este está en obras y atienden unos metros más abajo… Solo busco un lugar para descansar y esperar que el día siguiente me depare mejor meteorología. 

Me acerco a pie a la zona del Puerto y encuentro La Lonja. Aun es buena hora para saborear alguna especialidad local y elijo, ¿cómo no? unas anchoas y unas sardinas ahumadas servidas sobre “pa amb tomaquet”, suficiente cena pues la comida del mediodía ha sido nutritiva. No quería abandonar estas comarcas sin antes probar este suculento manjar y así fue. Por fin pude disfrutar de ello en la tranquilidad de lo que se me antoja un edificio anexo a la misma Lonja, en la que preparan el pescado para envasarlo y comercializarlo. Todo un lujo y el precio me resulta irrisorio, pues por pocos euros ceno con un poco de buen vino del "Ampurdà". A pie, recorro el paseo ya en la oscuridad acompañado con el sonido de las olas del mar que alcanzan la costa. Un nuevo día me dará más información de en qué lugar me encuentro, llenaré el depósito de combustible y seguiré mi camino. Pero eso será ya el domingo.

Sant Pere de Rodes

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Tras desayunar en la típica tasca marinera, en la que la conversación gira entorno al estado de la mar y de la necesidad de esperar hasta que pase el temporal para poder salir a faenar, elijo el destino sin dudarlo. Lleno el depósito de combustible en la única gasolinera del pueblo y asciendo hasta el Monasterio de Sant Pere de Rodes, propiedad en el pasado de los monjes benedictinos. Entre la niebla, casi fantasmagórico, es un edificio que impresiona por sus dimensiones y por su aspecto notablemente castigado por el viento húmedo que, desde el mar, afecta a la roca utilizada en su construcción. La vista se desvía hacia él pero para verlo mejor hay que detenerse, pues hay que prestar atención al trazado serpenteante, de asfalto irregular, que supera muchos metros de altura durante varios kilómetros de ascensión. 

Sus orígenes medievales son indudables, data del finales del siglo IX, aunque ha sido recuperado en época reciente, por lo que es una amalgama de restauración y conservación que, por otro lado, no le resta encanto. La lluvia empieza a cobrar protagonismo. Junto a este edificio tomo la precaución de prevenir y visto un traje de lluvia de dos piezas que, hasta la fecha, ha cumplido muy bien su función. Desando mis pasos y regreso a Port de la Selva para seguir por la carretera hacia Llançà, la que he visto desde las alturas y desde ahí, con un intenso y molesto viento racheado que se atreve hasta incluso con los más de 300 kg de la GTR, me acerco a Portblou

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Esta ciudad es conocida por tratarse de un importantísimo núcleo ferroviario, aquel en el que se modificaba el ancho de los ejes de nuestros trenes para adaptarlo al ancho europeo y poder seguir rodando por las vías del resto del continente. Cruzo el puesto fronterizo entre España y Francia, ahora sin uso

Me detengo a la salida de la población, con la intención de fotografiar la imponente estación desde las alturas, pues la carretera asciende desde el nivel del mar en el que se encuentra la ciudad. El viento me zarandea a su antojo y ni el caballete lateral me da suficiente confianza por lo que salgo de allí con la vana esperanza de que más adelante el viento amaine un poco. Imposible. A medida que asciendo empeora, lo cual es muy previsible, pues la protección de la montaña desaparece de mi lado izquierdo y desde el mar -a mi derecha- llega el viento intenso, frío y cargado de humedad. Tras coronar el alto, -y con algo de protección- tras un centenar de metros adivino un edificio íntegro, no derruido, pero si abandonado a su suerte. Es el puesto fronterizo entre España y Francia ahora no se hace uso por el Tratado Schengen, pero quién sabe si algún día volverá a cumplir su cometido. 

Cerbère y al norte Collioure

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Esta ciudad Cerberè es la equivalente francesa de nuestra Portbou. Las mercancías se apiñan en enormes contenedores a la espera de pasar de un país a otro y, en la distancia, parece más una enorme maqueta ferroviaria que la realidad. En los tiempos convulsos de nuestro pasado, era la primera localidad francesa que pisaban aquellos que, como ocurre hoy, huyen de su patria, por lo que tiene un componente amargo para muchos.

Para mi resulta el paso previo a mi destino, la ciudad de Collioure, aquella en la que descansan los restos de cientos de españoles y en la que también lo hacen un poeta andaluz, Antonio Machado. Este sevillano, soriano de adopción y español universal, llegó allí en 1939 huyendo de la guerra acompañado de su madre. Ambos perdieron la vida allí, acogidos en una pensión que a duras penas pudieron pagar. Primero ella, Ana Ruiz y después él, Antonio Machado, dieciocho días después. La enfermedad, la tristeza, la pena, el desamparo y la incomprensión, fueron los desencadenantes de ese hecho y Collioure es desde hace años, lugar de peregrinación al pueblo que los acogió. Hoy hablamos también de una bellísima ciudad costera, marinera en origen y que ha visto modificadas sus calles con notables hoteles, restaurantes, cafés, heladerías, pero que sigue ofreciendo un encanto indudable. 

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Tras la visita al Campo Santo, silencioso siempre, pero continuamente concurrido por numerosos españoles que conociendo la historia no pueden evitar dirigir sus pasos hasta la tumba que parece erigirse casi como monumento, no en vano Antonio Machado es su exiliado más ilustre, me dirijo hacia el puerto. Es una zona acotada a la circulación, pero la 1400GTR a pesar de su tamaño, se escabulle entre las callejuelas y llega ante la mismísima iglesia marinera. Unos minutos allí son suficientes para corroborar que todo sigue igual, y todo ha cambiado. El turismo ha llegado a este rincón y aunque respetuoso, sí es cierto que los sonidos, los diferentes idiomas, los establecimientos –más allá del tradicional “bistrot” junto al mar- han proliferado mucho. Las barcas de pesca ya no descansan sobre la arena...

¡Al menos podré elegir! así que no lo dudo y tomo asiento en un espacio al exterior, junto al canal que desemboca en el puerto. Es un restaurante especializado en comida bretona, la Bretaña francesa y estoy en la Provenza, pero da igual, es ya mediodía y tengo hambre. Me obsequio con una clara, pues he vivido una buena experiencia, muy recomendable por las carreteras recorridas y por no ser esta la mejor época del año. Seguro. No es la más recomendable. En verano no es la mejor sin duda, pero tampoco en pleno invierno. Creo que otoño o los primeros meses de la primavera son preferibles. Por mi experiencia en ellos, no es necesario llamar con antelación a un hotel o pensión para reservar: los restaurantes disponen de plazas, aunque en restauración recordemos que en Francia hay que llegar antes de la una del mediodía. Por lo demás este ha sido un buen y deseado viaje en moto que recomiendo a todos los que deseen descubrirlo, o repetirlo a aquellos que ya lo conozcan.

El Portús

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Para regresar a España disponemos de varias opciones. Una es la que he relatado: Cervere/Portbou. La otra es la conocida y transitada AP7 hacia La Junquera, pero puesto que tengo toda la tarde libre, decido entrar en España por la antigua nacional, la que me lleva hacia El Portús o Le Perthus según el idioma. Me sorprende esta población llena de establecimiento abiertos –en domingo y por la tarde-, tiendas de todo tipo a las que no presto atención y ahora sí, me dirijo hacia la AP-7, para recorrer los kilómetros que me separan de Barcelona lo más rápidamente posible.

Lamentablemente nuestros límites legales en autopista (los consabidos 120 km/h) son exiguos en comparación a aquellos que podríamos mantener sobre la Kawasaki 1400GTR, por lo que un sistema automático de velocidad sería una excelente idea. Por el contrario es muy cómoda, con la pantalla móvil de accionamiento eléctrico, con un tapizado y asiento que te acoge cómodamente durante muchos kilómetros y unas suspensiones ajustables manualmente -tanto delante como detrás- acordes con el uso al que la destinemos, más rígidas si ese es nuestro deseo o más blandas por carreteras en peor estado.

Este recorrido por toda la Costa Brava –de Sur a Norte- desde la ciudad de Barcelona hasta Portbou, Collioure ya en Francia y regreso rápido por autopista de nuevo a Barcelona, es una experiencia compuesta por cientos de curvas, pues sigue la caprichosa orografía de la costa catalana, la Costa Brava, en la que el mar y la montaña se unen para crear un entorno inigualable, muy divertido en moto. Pero, como decía al principio: el destino es el viaje, lo importante es el camino…

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Datos del viaje

Objetivos: Barcelona, Mataró, Lloret de Mar, Cadaqués, Portbou, Collioure –Francia-, Le Perthus, Barcelona.

Motocicleta utilizada: Kawasaki 1400GTR

Condiciones: en solitario, sin apenas equipaje

Consumo medio: rondando los 5,3 litros cada 100 km

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