La vuelta del "comecocos" 25/08/2010 - Reportaje
Retirado antes de tiempo de las carreras, no es muy usual encontrarle por los circuitos y menos aún compitiendo. Estuvimos con él buenos ratos desde el mismo viernes cuando llegó, y aunque ambos intentamos realizar algo parecido a una entrevista, la continua interrupción de los aficionados que querían hacerse una foto con él, pedirle un autógrafo o mostrarle su cariño allá donde se encontrase, dio como resultado que lo único que pude conseguir fueron unas cuantas frases salidas de su boca en diferentes momentos del fin de semana. Desde luego, después de ver y oír lo que vi y oí, os puedo asegurar que la afición no le ha olvidado y que sería estupendo que se dejase ver más a menudo. Igual que Randy Mamola, otro grandísimo piloto que no llegó a ser Campeón del Mundo y que es querido por todos, Garriga tiene un espacio en nuestro deporte.
El viernes en La Bañeza, durante la presentación de la carrera, dijo: “Creo que es necesario un circuito permanente aquí, están muy mal repartidos de manera que, por ejemplo, en Cataluña sobran y aquí el más cercano está a más de 300 Km.” Cuando el domingo en la pole de la parrilla y rodeado de fotógrafos le pregunté ¿Qué tal tu primera experiencia con una Honda?. Sonriendo me dijo: “No va mal” y a continuación: “Esto es la h..tia, que cantidad de gente, no?”. Cuando terminó la carrera: “hacía mucho tiempo que no me aplaudían tanto”.
Tras la vuelta de honor que dio en un descapotable, saltó de él de un ágil salto con una facilidad que costaría creer dado su frágil aspecto, que no es otro que el del larguirucho chaval de ensortijado pelo que nos dejó a todos con la boca abierta por su facilidad para ir rápido en cualquier tipo de moto y que le llevarían a ganar 4 campeonatos de España en 250, 500 y Resistencia, 2 ediciones de las 24 horas de Montjuic o el ya citado Subcampeonato del Mundo de 250. Hoy su ensortijado pelo ya no es rubio como antaño, sino gris, y su espigado y delgaducho aspecto de siempre se ve refrendado por las marcas que dejan los palos que da la vida, pero el brillo de sus ojos tras terminar la carrera y su sincera sonrisa eran los mismos con los que a finales de los ochenta, nos brindó “Boeing 747”, “Comecocos” Joan Garriga.
Texto y Foto: Miguel A. Fernández