A la India en moto (4ª y última parte)

A la India en moto (4ª y última parte): lo peor llegaba

Miguel A. Fernández

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El regreso a casaver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)Texto y fotos: Elsi Rider/ Lo había logrado, estaba en la India

Y aquí estoy. He llegado hasta aquí en moto. Supongo que ese momento fue de alegría suprema… Quedaba la vuelta, pero el sueño estaba cumpliéndose…  “Ir a la India en moto”, y aunque al final tenía un sentimiento agridulce y contradictorio, la experiencia fue “extremadamente” positiva, sin juzgar, con el alma abierta, pero con el sentido crítico que no hemos de perder los viajeros, tal y como mi amigo Miguel Ángel Fernández me indicó, porque al final, es mi viaje y mi punto de vista, no necesariamente compartido con los demás, es el mío y mi particular visión. 

Ahora toca emprender el camino de regreso hacia España, que también formará parte del viaje y sin lugar a dudas, esta parte de la aventura se escribió con mayúsculas ante las difíciles condiciones, en ocasiones extremas, que se me fueron planteando hasta llegar a Asturias.

De vuelta a casa

Son las cinco de la mañana en Teherán, hace fresco; ya sabía que en noviembre en el norte de Irán comienza el frío, aunque es soportable, estamos a 15 grados. Me subo a Lusi y ambas emprendemos el camino de regreso a Asturias, España, el sueño ya está cumplido, he llegado a la India en moto.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)A pesar de la polución, el Taj Mahal es impresionante

Mi intención es quedarme en Tabriz (Irán), a unos 630 Km y a poco más de 300 Km con la frontera turca. Esta vez el paso fronterizo será por Dogubeyazit porque quiero ver el famoso monte Ararat, el pico más alto de Turquía con 5.165 metros sobre el nivel del mar, cercano a la frontera de un país que me atrae mucho y está en “lista de espera”. ¡Quizás el próximo sueño por cumplir!, “Armenia”, este monte considerado sagrado, alberga un secreto hermoso: ¡Quién diría que allí fue a parar el Arca de Noe!. ¡Quería verlo con mis propios ojos!. Me habían dicho que solo había caminos para subir a este antiguo volcán, así que era un buen plan de viaje para poner la guinda final a esta aventura por Asia.

Apenas había hecho 100 kilómetros y algo me extraña mucho. No hay casi coches por la carretera y teniendo en cuenta que Irán normalmente tiene mucha circulación por este tipo de carreteras, aquello me resulta extraño. Pienso que habrá alguna fiesta importante, o algo que hace que no haya vehículos, pero, de repente, hallé la respuesta al ver salir volando los puestos de venta que hay siempre en la carreteras del país. ¡Estaba en medio de una ciclo génesis!, la lluvia, convertía la calzada en una masa de barro que hacía difícil circular con la moto. El viento era muy fuerte y arrancaba todo a su paso; decidí parar un poco para replantearme la situación y el viento terminó con Lusi en el suelo.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)Sin saber muy bien como, me encontré en medio de una ciclo génesis

Levantarla no fue tarea fácil, porque resbalaba con el barro mojado de la carretera. Una vez en pie, continué intentando buscar algún lugar donde quedarme, pero estos países no son como Europa y encontrar un hotel no es tan sencillo. Así que continúe y mal o bien fui tirando hasta que me sorprendió una nevada…¡Está nevando en Irán!... Aunque había previsto tiempo de invierno para la época, nadie, ni los lugareños esperaban lo que llegó con tanta virulencia. La nieve se va acumulando en el asfalto y aquí, ni sal, ni máquinas quitanieves y ningún lugar donde pasar la noche hasta llegar a Tabriz. La gente cuando paré en una gasolinera no daba crédito, hasta me ofrecieron un colchón para quedarme allí. Con ropa de verano y un fino polar, las temperaturas siguen bajando y con el casco roto todo se complica mucho más, se empaña, no veo nada, está sujeto con cinta americana, por si no era suficiente problema, se hizo latente el refrán de "Si no quieres caldo, toma dos tazas". 

Llegada a Tabriz

Casi de noche, sin saber dónde encontrar un hotel, en mitad de la ciudad, veo una entrada grande con un puesto de control y allí mismo paro a preguntar por algún hotel cercano para pasar la noche.Tal era el estado en el que me vieron que me acercaron a la estufa de leña que tenían, me hicieron quitar los guantes para ponerlos a secar, me trajeron servilletas para limpiar el casco y un té que agradecí sobremanera aquel día. Estoy allí unos diez minutos y me indican hacia donde hay un hotel, arranco la moto, la rueda se me va, pero consigo salir, la circulación es intensa, tengo que quitarme la pantalla del casco, ahora ya no veo nada de nada; como siempre, una vez más la amabilidad iraní me sacó de semejante apuro y un coche me llevó a un hotel.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)El viento terminó con Lusi por el suelo

En el hotel, las chicas de recepción, me preguntaban si estaba bien, me trajeron una toalla, me ofrecieron de todo, creo que estaba a punto de congelarme, literalmente.

Cuando llegué a la habitación del hotel, un cinco estrellas magnífico, estaba caliente, y sin sacar nada, me di una eterna ducha que no lograba quitarme el frío de encima. Había sido un día duro, quería cenar algo caliente y necesitaba dormir.

Las previsiones meteorológicas no eran buenas, tenía que salir de allí, esperé más o menos hasta las 10:30 de la mañana y al final me fui, pensando en que si me quedaba allí, podría estar una semana o más esperando a que pasara el temporal.

Con mucho frío, pero esta vez más abrigada, me dirijo a Dogubeyazit, 324 Km de sufrimiento y frío con una inmensa nevada; he llegado al paso fronterizo, mucho mejor que el de Esendere por cierto. Es más rápido todo, me hacen sentarme para sellar el carnet de "passage" y pasaporte, todo está en regla -¿Le ha gustado nuestro país?,¡ Esperamos que vuelva!.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)En algunas ocasiones la capa de nieve era inmensa y llegamos a -13º

En la frontera turca, supongo que fruto de la congelación, me salté literalmente el control de pasaportes, por lo que, al llegar a la puerta de salida, tuve que regresar. Eso sí, antes hubo un té con la policía turca que se repetiría a la salida, diciéndome insistentemente -“aquí el pañuelo no hace falta, Turquía es democracia, es democracia”. 

Llegando a Dogubeyazit, ya en Turquía

Estaba en Turquía, un manto blanco cubría todo a mi alrededor en muchos kilómetros y veía el monte Ararat, inmenso y majestuoso, todo cubierto de nieve, ese volcán que albergaba el Arca de Noé y que ahora, dudaba poder visitar en este viaje. 

Las temperaturas se desploman hasta llegar a -12, - 13 grados y tengo que envolverme las manos y pies con bolsas de plástico, mientras que el pecho con papel de periódico. Las paradas se hacen constantes para intentar entrar en calor. Es tal el frío, que una vez intenté hacer una fotografía de la temperatura en la moto y cuando llegué al hotel había salido la parte superior por el “tembleque” que tenía. Es difícil explicar esta sensación de frío sin un lugar donde parar, temblando encima de la moto y sin apenas coches en la carretera.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)Llegando a la frontera con Turkía

En Dogubeyazit hay más nieve todavía, el monte Ararat está allí mismo, así que circulo muy despacio y decido entrar al pueblo para hacer noche.

La cosa se complica y termino no dos, sino tres veces por los suelos. La ciudad es una pista de patinaje, unos 10 centímetros que hacían difícil caminar a los peatones e imposible circular en moto. La calle por la que entré, debe ser difícil en condiciones normales. Yo veía saltar a los pocos coches y me decía, detrás voy yo... hasta que un socavón terminó con Lusi encajada en el suelo. La gente miraba, algunos se burlaban, los coches pitaban y los que vinieron a empujarme con buena intención, no hicieron más que tirar nuevamente a Lusi porque aquello deslizaba mucho.

Consigo ponerme en pie, las piernas me tiemblan. Al kilómetro la moto se me va otra vez, me vuelvo a caer y levantarla es difícil en hielo porque la moto resbala. Una vez más exhausta la vuelvo a levantar, pero unos 800 metros después otra vez al suelo. Unos coches pitan y tal fue mi rabia e impotencia que con fuerza les grité “¡No por mucho pitar voy a levantar antes la moto!”. Creo que aunque en español, me entendieron perfectamente; apoyada en la moto y pensando cómo iba a salir de allí Se acercó un señor con barba, de esos a los que no les pediríamos ni la hora, de esos de “cambiarse de acera”... Me ayudó a levantar la moto y me dijo “TÉ”, le dije, ¡té no, solo quiero un hotel!, pero repitió como si me hubiese entendido, té, té… Así que aparcamos delante de un oscuro local con las paredes negras, negras, donde solo había hombres ¡Té!, ¡Yo no quiero té, solo hotel! Repito otra vez, pero, en estas circunstancias no cabe elección. Así que, entré y todos me miraron. En qué estado me verían que rápidamente me trajeron el té y pusieron la estufa.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)Este era el estado de las carreteras, tres veces seguidas me fui al suelo

Del frío y de la tensión del momento, no era capaz de sostener la taza. Estaba temblando y de repente,me derrumbe a llorar como una niña. Aquel hombre alzaba el brazo como un padre para decirme ¡Si sigues llorando te doy!, y me ponía más infusión. Fue tranquilizador, sí, reconozco que aquella persona fue en aquel momento un ángel “con malas pintas”. ¿Pero que sabemos los mortales del hábito de un ángel...?  Llamó por teléfono y aparecieron otros dos chicos y juntos, con serias dificultades, conseguimos llegar a un hotel y aparcar a Lusi. El abrazo que les di uno a uno fue, de inmensa gratitud, ¡gente que no me conocía de nada, empujando la moto de una desconocida!.

En el hotel, una vez en la habitación, de rodillas en el suelo, lloré.  Busqué mi teléfono para tranquilizar a mi familia y amigos que sabían que la situación era difícil y no lo encontré. Busqué y busqué pero nada. Bajé a la calle y nada. Entonces fue cuando me dije ¡Ese era el motivo de venirme a ayudar, quitarme el teléfono! Y me sentí como una imbécil que había perdido más que el teléfono, las fotos, muchas del viaje. Tal es la “desconfianza y estupidez humana”, que luego lo encontré en la bolsa sobre depósito... Y aquí me sentí peor, mucho peor. Había desconfiado de quien gentilmente me había ayudado a cambio de nada. Supongo que en esta Europa avanzada nos hemos vuelto así.

Camino de Erzincan

Quiero llegar a Erzincan, pero no puedo mover la moto por la gruesa capa de hielo que hay alrededor de Dogubeyazit. Hay que buscar una solución, así que preguntando por aquí y por allá, localizo un camión de ganado que por 50 liras me llevará 5 kilómetros fuera del pueblo. No tenemos rampa y subirla fue una odisea, aunque contamos con ayuda de gente; bajarla entre el ganadero y yo... un sobreesfuerzo para no terminar con Lusi por los suelos.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)La única solución fue montar a Lusi en un camión de ganado para poder salir de la ciudad

Me pongo en marcha rumbo a Erzincan, la temperatura sigue desplomándose y la gente cuando paro a repostar, me mira y lo primero que hacen es servirme bebida caliente y luego me dejan un lado en la estufa. Me resulta imposible avanzar sin pararme en cada lugar que puedo para entrar en calor. En una ocasión tenía los dedos azulados, el frío era insoportable y la moto se me llenaba de escarcha. ¡Creo que todos se compadecen de mí, me miran preguntándose ¿qué hace alguien en moto con ese temporal de frío y nieve?. Las manos a medida que entran en calor me duelen y entre ellas sostengo el té, que debe de estar hirviendo pero yo no lo siento, solo siento el dolor del frío en mis dedos. 

He de decir, que las personas, como siempre, en las peores situaciones se crecen como seres humanos y te ayudan sin pedirlo: simplemente nos ayudamos. ¡Qué hubiera sido de mi sin esas estufas, sin esos tes calientes, e incluso sin esas palabras, que aunque no entendía, desprendían compasión!. Allí, sentada con ellos, en primera fila del foco de calor, en sus casas, en sus negocios, ¡Gracias a todos y cada uno de ellos!

Banderas turcas en los coches, Erzincan

Veo un hotel y paro para hacer noche, tenía frío. Aunque estábamos a 5 grados, nunca me alegré tanto de rodar a esa temperatura habiendo estado a -13 grados. El hotel es viejo y sucio, pero no estamos ahora para buscar un resort, así que con las ganas de una buena ducha, cojo mis maletas y dejo mi pasaporte en recepción. No hay agua caliente, porque no funciona y más allá de enfadarme o de irme, me bajo a la calle y me voy a comer una sopa. Después de todo, lo importante para quitar el frío es comer bien, decía mi "abuelín".ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)Como siempre, la gente, lo mejor. Que hubiera sido de mi sin todas esas personas que me echaron una mano

Empiezo a escuchar pitidos. Al asomarme a la ventana, veo banderas turcas en los coches por las calles de Erzincan. Internet no funciona y no puedo ver nada. En la televisión repiten constantemente el discurso de líderes políticos que no entiendo, ¡algo ha pasado!, en ese momento desconocía los últimos atentados en Turquía.

El camino de regreso, igual que cuando llegué al país para ir a la India, sigue plagado de controles policiales y militares, en los que te hacen parar cada dos por tres, lo que es un fastidio, pero con temporal de frío y nieve fastidia aún más. Muchos camiones llevan carteles gigantes pegados donde se lee “Turquia es democracia”… Lo cierto, es que es una pena el estado de alerta que vive este país, tan turístico antes y tan vacío ahora.

Bolu

Estoy regresando por vías rápidas. Ahora prima salir de aquí para evitar este temporal y desde Erzincan me dirijo a Bolu, bonito pueblo visitado por mucho turismo del país. Me separan 780 kilómetros, y aunque hace frío y mucho viento, hemos llegado a los 10 grados, lo que supone rodar más o menos bien. Mi llegada al hotel es de noche, una bonita habitación en una típica casa restaurada donde pasaré la noche tras una ducha, esta vez sí, con agua bien caliente.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)Cuando hace tanto frío quedan pocas ganas para hacer fotos, sin embargo, en ocasiones, no podía dejar pasar la oportunidad

Llegamos a Grecia y don Garmin se lió

El cansancio de estos últimos días en el que todo está siendo mal tiempo aparece. Por la noche en el hotel de Alexandroupoli me encuentro sin fuerzas tras un duro día peleando contra el viento, que no me dejaría hasta llegar a mi querida Asturias, lugar donde, paradójicamente hacia buen tiempo...

No tenía ganas de mucho jaleo y no quería "Rock And Roll", que si bien a la ida lo buscaba, ahora ya tras estos días, más bien necesito un Vals. Así que en el GPS pongo Igoumenitsa, exactamente el mismo punto que tenía en mi viaje de ida y simplemente me dejo llevar por vías rápidas De repente del fresco pasamos a 25 grados, algo raro teniendo en cuenta la época del año. No veo ninguna indicación de la ciudad donde tengo el barco a las 22:00 horas. Son las 19:30 h y estoy rodando en una pista que me marca 1,5 kilómetros terminando entre callejuelas de una especie de barriada. Veo una tienda de repuestos, paro y pregunto. El chico, motero por cierto, me indica con la mano “Cuatro”, le digo que mi GPS marca 1,5 Km… Me mira con asombro y me dice 4-0-0, ¿Cómo?, si, 400 Km. ¿Qué?¡¡¡, saca un mapa y me dice “estás aquí”, Atenas. Era la antigua carretera de Igoumenitsa en Atenas, me siento en la moto e inclino mi cabeza hacia el manillar, estoy cansada, pero, mi rabia fue tal que me puse en marcha para al menos llegar a Patras, donde pasaría la noche.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)El kit de arrastre, terminó... para el arrastre

Aquí tenso nuevamente la cadena, que me está dando problemas ya desde Turquía, son muchos kilómetros y el tren de arrastre comienza a sufrir.

¿Alguien ha visto alguna vez 120 Kilómetros de obras?, ¡Pues sí, exactamente fueron esos!, como dice el otro, si pongo un circo… Era noche cerrada, la carretera en obras tenía tantos reflectantes que una no sabía si era por aquí o por allí, de no ser por los camiones que venían de frente y me marcaban que era por el otro lado. Si a esto le sumamos la dichosa pantalla rota del casco, ¡no veía nada!, y los destellos de los faros de otros vehículos que me obligaron a apartarme varias veces para dejar paso a los que me daban fogonazos por detrás al no poder ir más rápido. 

Al final, vi un letrero de Hotel y me fui a buscarlo. Estaba 20 kilómetros de Patras, donde por curiosidad al día siguiente cogía un ferri que me llevaría a Italia, atravesando la bota y que como no podía ser de otra forma, con temporal de viento y lluvia. Casualidades de la vida, por el retraso ocasionado por el GPS, me había librado de los terremotos, ¡Al final va  a ser más que cierto que todo ocurre por algo!. Sea como fuere, ya estoy embarcando para Barcelona, donde llegué tarde e hice noche en un hotel para continuar a la mañana siguiente mi retorno a casa, con viento, más viento: solo buen tiempo en Asturias, ¡Quién lo diría!.ver galeríaA la India en moto (4ª y última parte)...Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son

Mi viaje ha terminado, con unas maletas repletas de recuerdos, de buenas sensaciones, con la alegría de espíritu que te da el haber realizado un sueño, porque los sueños son el motor de nuestra vida. ¿Qué es una vida sin sueños?, ¿Por qué no nos atrevemos a soñar?, ¿Por qué no hacer realidad aquello con lo que soñamos?. Y aunque se trataba del soliloquio más famoso del drama español, tomo prestados los versos de Calderón de la Barca para decir aquellos de “que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son” , importantes y poco valorados. Vivamos soñando para poder crear cosas grandes para nosotros mismos, la mejor inversión de futuro.

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